Mirad que llega el día, ardiente como un horno: malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir -dice el Señor de los ejércitos-, y no quedará de ellos ni rama ni raíz. Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas. (Malaquías, 3, 19-20a).

Tres líneas estremecedoras que juegan con el doble efecto del fuego: ilumina y quema. “Los que honran mi nombre” serán los iluminados por un sol de justicia; los malvados y perversos, como paja seca serán quemados. Esto sucederá “el día”. ¿De qué día se trata? No lo sabemos. Solo podemos decir que se tratará de un día de juicio divino. Dicho juicio significa muerte para unos (“no quedará de ellos ni rama ni raíz”) y vida para otros (“los iluminará un sol de justicia que lleva salud en las alas”).

De ese día definitivo hablan distintos profetas, especialmente los llamados “Doce profetas menores”. El primero de ellos que lo menciona es Joel, donde aparece cuatro veces, siendo el que más alude a él. Según este profeta, ese día Yahvé juzgará a las naciones que humillaron a su pueblo, y este será defendido y rescatado. Amós presenta una visión diferente del “día de Yahvé”. Denuncia lo engañados que están los que cometen injusticia y maltratan a los pobres, pues piensan que ese día serán recompensados por su rectitud litúrgica y dogmática. “Para Amós, el Día de Yahvé no será una jornada de juicio para las naciones que oprimieron a Israel, sino un tiempo de tragedia para quienes practican la hipocresía de ser fieles en el templo pero infieles en la vida” (Andiñach). Por su parte, Abdías, que sigue a Amós en el orden que aparecen en la Biblia, vuelve a sintonizar con Joel y anuncia que ese día las naciones extranjeras que oprimieron a Israel será juzgadas. Condena de modo especial a Edom.

En el profeta Sofonías el día del juicio apunta de modo particular a Judá y Jerusalén. En este caso la razón del juicio es la idolatría, el dios Baal ha estado presente en medio de Judá. El pueblo ha quebrantado la alianza que Yahvé había hecho con ellos, cuya fórmula reza: “ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios”. El profeta Zacarías, por su parte, dedica todo el capítulo final de su libro a describir muy detalladamente lo que sucederá aquel día: la realidad será alterada y un nuevo orden surgirá de la creación”. Tres elementos resaltan: El juicio consistirá en una batalla escatológica, serán juzgadas todas las naciones, incluyendo a Judá, y de ese juicio quedará un resto compuesto por judíos y extranjeros que peregrinarán cada año a Jerusalén para celebrar una fiesta ante Yahvé.

Ese resto correspondería a los que en nuestro texto de hoy se dice que “los iluminará un sol de justicia”. Esta de Malaquías es la última mención que se hace del “día de Yahvé” o “día del juicio”. De hecho, esta temática ocupa la mitad del contenido de su libro (2,17-3,24). Apunta a que Israel será purificado y su relación con Dios se verá reestablecida. En este caso, tal como señala el texto que encabeza esta página, los enemigos no son los pueblos extranjeros, sino los malvados y perversos. Aquí el criterio para condenar o salvar es si se ha vivido de acuerdo a los criterios de Dios. En algún momento de su profecía, Malaquías insistirá en la urgencia de rehacer el vínculo roto por la desobediencia y la falta de amor al prójimo.

Aunque los textos que hablan del “día de Yahvé” parecieran sembrar el miedo como estrategia para que las personas cambien de vida y se vuelvan al Señor, en realidad pretendían transmitir un mensaje de esperanza a la comunidad judía poséxilica. Con ellos se quiere exponer la convicción de que las crueldades e injusticias no serán olvidadas, en algún momento serán juzgadas por Dios. Habrá un día en que los “malvados y perversos”, tal como se dice en la primera línea de nuestro texto, deberán rendir cuenta de sus actos ante Dios. Siempre tendrán la oportunidad del arrepentimiento y la aceptación de Dios, es cierto. El propio profeta Malaquías cierra su libro poniendo en labios de Yahvé la promesa de que los que se vuelvan a él serán su “propiedad personal”.  Pero eso no quita que si el cambio de vida no se da terminen, como dice nuestro texto, sin ramas y sin raíz.