El ángel del Señor anuncia a los pastores que ha nacido el Salvador

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Dios es el Señor de la historia y usa las circunstancias para cumplir sus propósitos eternos. Se comunica gradualmente al hombre, lo prepara por etapas, pues se trata de misterios sobrenaturales, que son difícil de aceptar y por eso los revela en Jesús.  “Pues Dios quiso reunir en Él, cuando llegara la plenitud de los tiempos, tanto a los seres celestiales como a los terrenales.” (Efesios 1, 10). Por ello, el nacimiento de Cris­to Salvador trajo la alegría a los Ángeles y a la gente.

¿Quién es el ángel del Señor? Aunque en todas las revelaciones ­referentes al misterio de la Encarna­ción aparece Arcángel San Gabriel, he encontrado tesis, que fue san Miguel Arcángel. San Miguel era el guardián de Cristo en su vida  terrenal. El instituido por Dios como Jefe de la Milicia Celestial y de toda la creación, reveló a los pastores la bue­na nueva sobre el nacimiento de Cristo. “De pronto una multitud de seres celestiales aparecieron junto al ángel, y alababan a Dios con estas palabras” (Lucas 2, 13). Eso significa que debería ser san Miguel ya que fue nombrado por Dios como Jefe. No es el Jefe que se une a sus tropas, sino las tropas al Jefe.

Y el pregón que exclamó san Mi­guel a los pastores era al mismo tiempo como una invitación a la gente y a todas las tropas celestiales de dar re­verencia y alabanza a su Señor, en Su naturaleza humana.

Es bueno recordar que ya  el profeta Miqueas, siete siglos antes, anunció el nacimiento del Salvador en Belén. Había censo de la pobla­ción. Normalmente lo hacía el Va­rón, pero María y José estuvieron de acuerdo que irían juntos, pero pri­mero a Belén porque la hora del parto estaba cerca. En este mismo tiempo el Ángel del Señor (San Miguel) informó a los pastores sobre este acontecimiento.  En eso se expresa la esencia y el servicio de los Ángeles en el Nuevo Testa­mento. Los Ángeles estando en constante unión con Dios, son el espejo de Su infinita santidad y luz. Y estando san Miguel sumergido en una inmensurable luz, asustó a los pastores.

El Ángel tuvo que tranquilizarlos. Claro, Dios eligió a la gente sencilla y de bajo nivel, analfabetos, pero, a diferencia de los sabios, altaneros y bien educados, ellos realmente esperaban la venida del Mesías, aunque su venida es para todos. En la  sencillez hay mucha piedad, que trae gran alegría y da esperanza. Y es por eso, que los pastores tuvieron el privilegio de reci­bir esta alegre noticia como pri­meros.

“Porque les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo (el Mesías) el Señor” (Lucas 2, 11). El Ángel del Señor, usando estos tres nombres del Niño nacido, de alguna manera resume en ellos todo el mensaje sobre el Hijo de Dios nacido.

El Salvador.- Dios salva, no te­niendo faltas ni pecados propios, “librará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1, 21);

El Redentor es Mesías. Del he­breo: Mesíah, significa el Ungido, de­signado por Dios. Será ungido por el Espíritu Santo… (Juan 1, 32). Y San Pablo dirá: “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece” (Romanos 8: 9).

El Niño nacido es el Señor. La ­palabra “Señor” – en hebreo: Ado­naj, en griego, Kyrios – es el nombre de Dios. La palabra “Kyrios” es igual que “Dios”. Dios es el Señor -el due­ño, el Creador. Y por este hecho, los sirvientes deben servirle de una manera obediente y respetuosa.

Hay un gran contraste ente aquel que nacerá y donde nacerá. Jesús como Dios que es en sí mismo la má­xima riqueza y tesoro, se escon­de en la “tienda de la humanidad”. No usará las riquezas de este mun­do, para no cubrir con su esplendor la más grande riqueza que es la espiritual, lo cual descubrimos a través de la fe.

El Ángel del Señor no manda a los pastores para que den reverencia al Recién Nacido, respeta su libertad. Son los pastores que libremente se acercan a adorar al niño Dios.

¡Feliz Navidad!

 

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