El aborto: Entre lo mejor y lo bueno

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El aborto: Entre lo mejor y lo bueno

 

El mundo sigue con interés las elecciones presidenciales que se celebrarán en los Estados Unidos el pró­ximo 3 de noviembre.

Se enfrentarán dos candidatos que discrepan, entre otras cosas, sobre el aborto. Mientras el demócrata se conoce como permisivo, el republicano se muestra restrictivo. Este tema acapara casi exclusivamente la atención de numerosos católicos.

Pero el demócrata, si gana, no centrará su gobierno en promover activamente el aborto; sólo lo facilitará. Mientras que si el republicano sale re­electo, tampoco acabará con el aborto; sólo lo dificultará.

Los obispos católicos conceden gran peso a la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su término natural. Pero enseñan que los votantes deben tener en cuenta otros elementos en los programas de ­gobierno y no solamente la defensa de la vida pre-natal. Antes de votar, examinen la posición de los candida­tos en temas como la inmigración, la educación, la lucha contra la pobreza, el rechazo al racismo, la pena de muerte, la posesión de armas de asal­to, el cuidado del medio ambiente (preocupación ecológica) y otros más. Téngase también en cuenta el historial del comportamiento de am­bos candidatos; importa mucho la integridad moral, la filosofía política, el equilibrio emocional, así como la competencia diplomática para negociar a nivel nacional e internacional.

Como escribió Voltaire, “lo mejor es enemigo de lo bueno”. Apliqué­moslo al aborto.

  • LO MEJOR

Lo mejor sería la erradicación total de ese abyecto infanticidio.

1) Para algunos lo óptimo sería equiparar el aborto al peor de los ho­micidios, los que se castigan con pena de muerte en 28 Estados del país y con cadena perpetua en los otros. Sobre médicos y embarazadas caería el plomizo peso de la Ley si practican un aborto. Pero a la hora de delinquir, los infractores no tienen muy en cuenta la fuerza disuasiva de las sanciones. Se puede dudar que esa draconiana opción sea viable.

2) Procurar que la Suprema Corte de Justicia revierta el veredicto de “Roe vs. Wade” que en 1973 dicta­minó la inconstitucionalidad de la prohibición del aborto. Son nueve los jueces. Es posible que pronto haya mayoría conservadora en tan augusto tribunal. Pero no siempre los jueces votan según los deseos del Presidente que los nombró. Quizás tampoco tenga futuro el proyecto de declarar ilegal todo aborto.

  • LO BUENO

Mientras llega lo mejor, si alguna vez llega, se pueden dar pasos positivos a favor de la vida.

1) Que la Academia Pontificia de las Ciencias e instituciones afines se esfuercen por mostrar con más claridad que la vida humana comienza en el momento de la concepción. Toda­vía hay científicos que posponen la humanización del embrión hasta unas doce semanas después de la concepción; dicen que la criatura debe tener desarrollado el sistema nervioso y la corteza cerebral que lo capaciten para recibir estímulos sensoriales; sólo entonces tendría naturaleza humana.

2) Relegar la palabra “feto” a los vivíparos irracionales. Al embrión humano se le debe llamar por su nombre, “bebé nonato” o “bebé en ges­tación”.

3) Divulgar más los números telefónicos a los que las embarazadas en crisis puedan llamar para consejería. Se les puede ayudar con alimentos, medicinas, albergue temporal y tera­pias para que lleven el embarazo a feliz alumbramiento. Luego ellas verán si retienen a los recién nacidos o los entregan en adopción. El lema de Santa Madre Teresa de Calcuta era, “adoption, not abortion”.

4) Procurar que más facultades universitarias de Medicina no ense­ñen cómo realizar abortos. La finalidad de las cirugías es curar, no matar. Por eso ya hay universidades que ex­cluyen del curriculum el aborto.

5) No basta con proteger a los no-nacidos. Si los ya nacidos se encuentran en situaciones precarias para su desarrollo, entonces debe entrar decididamente en acción “The Adminis­tration for Children and Families” (agencia gubernamental con programas de ayuda para niños y familias). Pero no hay que dejárselo todo al gobierno; puede haber ciudadanos voluntarios que den la mano a las familias pobres, sobre todo si son parientes o vecinos.

6) Ayudaría que las compañías de seguro no cubriesen gastos por aborto como no cubren las cirugías cosméticas. El aborto no cualifica para cobertura porque el embarazo no es enfermedad.

7) Incrementar las campañas pro-vida en el más amplio sentido: vida humana pre-natal y post natal. Tam­bién vida para el aire, los mares, los ríos, los bosques y los animales.

8) Y las personas de fe deben confiar en el poder de la oración y rezarle mucho “al Señor amigo de la vida” (Sab 11,26).