Dubert, el bien y el servicio

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Suelo visitar la tumba del padre Ramón Dubert, ubicada en la Iglesia San Ramón Nonato, en Santiago. El sacerdote jesuita fue el guía de miles de niños, jóvenes y adultos, entre los que yo estaba tal vez en primera línea. Aunque nos enseñó que nadie es imprescindible, los que conocemos su obra sabemos que él sí lo es.

En la Ciudad Corazón existen los Grupos en Servicio, una entidad creada por monseñor José Dolores Grullón y acrecentada por Dubert. Antes del inicio de cada reunión, nos colocábamos de pies y expresábamos con fervor su eslogan: “No vivir para ser servido, sino para servir”. Y es que la palabra “servicio” estaba tatuada en nuestros corazones, siguiendo el ejemplo de nuestro mentor. En esencia, esta frase significa “hacer el bien”.

Desde entonces aprendí lo agradable de “hacer el bien”. Nada me entretiene más. Lo disfruto y mi gozo se multiplica por mil cuando noto los frutos. Por ello estimo que “hacer el bien” tiene una apreciable dosis de “sano egoísmo”, pues nos sentimos más satisfechos que la persona beneficiada por nuestra acción.

Una pequeña obra (o hasta una palabra de aliento) puede determinar para bien el futuro de alguien, al igual que una simple omisión de actuar (o una frase descompuesta) puede atrofiarle el porvenir.

Nunca olvido el Proyecto Techo Pared, PROTEPA, ideado por Dubert para Cienfuegos, otrora pobre comunidad y hoy con apreciable desarrollo. Una comisión elegía una casita en pésimo condición, colocaba su foto en la Iglesia de la Parroquia Corazón de Jesús,  y pedía colaboración para hacerle el techo y la pared, encargándose el propietario del resto, para que se sintiera parte del proceso.

En menos de 24 horas la feligresía respondía y al lado de aquella foto se situaba la otra, con la casita remodelada. Y esto se convirtió en una cadena. En poco tiempo se habían construido cientos de casitas, llevando dignidad a esos hogares.

 Ahí comprendí que nuestra gente tiene vocación de hacer el bien y que  en ocasiones ese sentimiento no se expande por la desconfianza en los resultados. Nuestro pueblo apoya las buenas obras, hechas con responsabilidad y transparencia; es como si buscara dónde ayudar y no siempre aparezca, a pesar de las innegables necesidades que nos afectan.

Este tema tiene gran importancia y debería ser tomado muy en cuenta por quienes nos dirigen, no importa el Poder del Estado que representen o el período de gobierno, porque “hacer el bien” traspasa tiempo, espacio y colores partidistas.

Si imitáramos un poco al padre Ramón Dubert tendríamos una mejor patria, basada en hacer el bien, que es servirle al prójimo y amarlo como lo hace Dios.