Domingo vocacional

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Celebramos el cuarto domingo de Pascua. Cada año la Iglesia celebra en este día la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Es cierto que en primer lugar debemos pe­dir a Dios por las vocaciones a la vida religiosa; no obstante, pienso que debemos ampliar nuestra mirada. El diccionario de la Real Acade­mia Española (RAE) lo tiene en cuenta. En su primera acepción nos dice que la vocación es “inspiración con que Dios llama a algún estado, especialmente al de la religión”. Mientras que en la tercera acepción la define como “inclinación a un estado, una profesión o una carrera”.

Sin embargo, pienso que anterior a estas dos acepciones habría que pensar en la vocación como lo configurativo de la vida personal. Con­sidero que en nuestros días, tiempo en que se pretende vivir en actitud de “rebaja” permanente, urge resca­tar esto que señalo. Dios no solo llama a la vida religiosa o consagrada. Su voz resuena en todos los ám­bitos de la vida. Nos ha llamado a todos en primer lugar a la vida. La naturaleza existencial del ser huma­no es vocacional. Porque la voca­ción es “el quehacer que hace al hombre coincidir consigo mismo” (Laín Entralgo). Pienso en este mo­mento en lo escrito por María Esther Parados Mejía en su artículo “La vo­cación humana: camino de incerti­dumbres, encuentros y búsquedas”. En dicho artículo propone una refle­xión de la vocación “como orienta­ción de una trayectoria vital, como búsqueda amorosa que exprese ese Ser ‘que soy y voy siendo’… un compromiso consigo mis­mo y con el mundo”.

Hay una frase pronunciada por Nelson Mandela durante su autodefensa en el juicio a que fue sometido cuando se dedicó en cuerpo y alma a defender a la población marginada de su nación: “Un ideal por el que vale la pena vivir, es vivir la vida como vocación”. ¡Cuánta falta nos hace esto! Claro, hay que tener en cuenta que no todos los ideales son positivos para quien los tiene, lo mismo que para aquellos que son destinatarios de su actuación.

Conviene traer aquí lo dicho por el profesor emérito de medicina Andrés Purroy Unanua en su artículo “Desarrollo de la vocación en la vida profesional”, haciendo referencia al libro Vocación y orientación, de Gabriel Castillo Inzulza: “La vo­cación no se cumple por el hecho de desempeñar alguien un puesto, una profesión, un oficio, una función o una actividad, aunque se pueda considerar como actividad de servicio. La vocación como concepto prefe­rente se cumple sólo cuando la función, cargo u oficio en el que el hombre se desempeña está traspasado, iluminado, por el intento de elevar los niveles de humanidad del mundo. La vocación es una misión, una misión que implica necesariamente, una intencionalidad de promoción humana”.

Dos elementos resalto de este pá­rrafo: la vocación como una misión que debe procurar elevar los niveles de humanidad. La misión consiste en descubrir cada uno qué va a hacer con su vida, de modo que lo que haga contribuya a “construir” huma­nidad. Anterior a los resultados que se persiguen debemos ser conscien­tes para qué tenemos las aptitudes. Llamada, aptitudes y servicio a la humanidad deben ser los tres elementos básicos para un buen discer­nimiento vocacional. Pienso que Dios no llamaría a alguien a prestar un servicio para el que no tiene aptitudes. Siempre la gracia supondrá la naturaleza. Es cierto que “la voca­ción es una llamada para que nos expresemos en el amor”, pero hay muchas formas de hacer concreto ese amor.

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