DIOCESIS DE S. F. M. DESPIDE DIACONOS RAFAEL VERAS Y PLINIO PALMER

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SanFrancisco de Macorís. El Colegio de Diáconos Permanentes de la Diócesis de San Francisco de Macorís dio a conocer la partida hacia la Casa del Padre de los hermanos diáconos Rafael Veras Madera y Plinio Palmer, ambos perteneciente a la primera generación de diáconos ordenados aquí, en el año 1987.

En su nota informativa al. Resaltar la intensa y hermosa labor de evangelización de estos hermanos pertenecientes a las zonas María Madre de la Iglesia y la Pista de esta dieseis la entidad eclesial lamenta la forma de sus sepelios reservados solo para sus familiares como consecuencia de la realidad que vivimos ante la pandemia del Coronavirus.

“Resulta muy doloroso para nosotros vernos impedidos de participar en los funerales de estos y otros hermanos en la fe que han fallecido en medio de esta situación, a fin de poderle brindarle su ultimo a dios y estar al lado de sus familiares, pero las circunstancias no nos permitieron que así  fuese”, expresaron los dirigentes Jose Miguel Ozoria y José Dionicio Núñez”.

Aseguraron que tan pronto retorne la normalidad se aprestan a celebrar un acto religioso con los familiares de los fallecidos y los demás miembros de ese Colegio de Diáconos Permanentes con la finalidad de expresarle su afecto y reconocimiento de su hermosa labor emprendida a lo largo y ancho de nuestra diócesis de estos hermanos que partieron.

El reverendo diácono Plinio Palmer prestó sus servicios en la Parroquia San Isidro Labrador del municipio de Castillo. Sus munícipes lo recuerdan como un hombre entregado por completo a la familia, la fe cristiana y su apostolado en favor de los más necesitados.

Procreó junto a su esposa, doña María Esterbina Amparo unos catorce hijos (María Ana Delina, Jose Temístocles, Rafaelito, María Argentina, Natividad, Carmelo Julio Esperanza, Jose Luis, Luis Alberto, Oscar Alexander, Thelma Yolanda, Thelma Haidee, Arquería y Plinio Antonio.

    

 

  SEMBLANZA DEL DIÁCONO RAFAEL VERAS MADERA

Resaltar la semblanza del reverendo diácono Rafael Veras Madera hay que iniciarla destacando la lealtad y entrega de su matrimonio ejemplar junto a doña Ramona Felipe (doña Nin), quienes desde 1957, cuando se unieron mediante el sagrado vinculo del matrimonio, durante toda su vida se manifestaron amor mutuo, llegando al extremo de participar activamente en cada actividad de la vida de las parroquias a las que pertenecieron. Ambos desarrollaron la mas intensa y hermosa labor en favor de la divulgación de este Semanario Católico Camino, ejercicio que desarrollaron aun en medio de su realidad de salud por la que padecían.

 Nació el 4 de enero de 1936, en Jacagua, Santiago. Fue el hijo menor de tres que procreó el matrimonio de Emilio Veras Fernández  y de Caridad Madera.

Rafael Veras, en su niñez y adolescencia tuvo que trabajar duramente, en múltiples oficios, como dulcero, limpiabotas, heladero, sereno en una bomba de gasolina de la Capital, entre otros.

Sus primeros estudios los realizó en la Escuela Peña y Reynoso de Santiago. Se hizo bachiller en el Liceo Nocturno Cruz Almánzar, de San Francisco de Macorís. Realizó varios cursos de Capacitación para Maestro, labor que desempeñó en la Escuela Rural Bomba de Cenoví de San Francisco de Macorís, durante nueve años. En ese mismo tiempo fue chofer de carro público y privado.

También, cursó un Técnico en Saneamiento Ambiental, en la Universidad de Río Piedras, Puerto Rico. Viajó a Colombia y Perú a capacitarse en diversas áreas de salud pública.

En el 1957, contrajo matrimonio con Ramona Felipe, con quien procreó diez hijos: Pelagio, Caridad, Cristobalina, José Miguel, Rafaela, Herminia, Francisco, Leonardo, Evelyn y César.

Al hablar de su formación en la fé, afirmaba que fue educado por María Luisa Acosta (Gelita), su suegra, quien lo acogió como un hijo.

En el año 1987, fue ordenado Diácono Permanente, por Mons. Jesús María de Jesús Moya.

Asumió un serio y tesonero trabajo en Pastoral Social y Cáritas. Fue preparado para hacer Promoción Humana, organizar Grupos Sociales y conservar la creación que Dios entregó a la humanidad para su beneficio y bienestar.

A lo largo de su vida cristiana, trabajó en la iglesia San José de Cenoví (hoy, Parroquia), Catedral Santa Ana, María Madre de la Iglesia y Nuestra Señora de Fátima. Estando ya enfermo, en la Sagrado Corazón de Jesús.

Como todo maestro, también era amante de la enseñanza de los principios cristianos, siendo formador de Animadores de Asamblea, Catequistas, Agentes de Pastoral y en liturgia. Además, formaba personas para recibir los sacramentos.

Fue un cristiano, en todo el sentido de la palabra, en palabras y acción; un profeta a carta cabal, anunciando y denunciando, y sobre todo, un fiel amante de su familia.

En definitiva, su vida fue una donación de amor.

Murió en la paz de El Señor y en los brazos de la Virgen María, el 15 de mayo.