-Eduardo M. Barrios, S.J.

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El cuarto jueves de noviembre es fiesta nacional en Estados Unidos desde 1863 por decreto del presidente Abraham Lincoln. Pero las efemérides se han extendido a otros países incluyendo a la  República Dominicana

    Pues bien, el día de acción de gracias comenzó un año después de la llegada del barco Mayflower a Plymouth. En la nave venía un grupo de personas tan religiosas que los conocían como puritanos. Un día otoñal de 1621 se reunieron con nativos a cenar en espíritu de acción de gracias para celebrar sus buenos comienzos en el nuevo mundo.

    Actualmente muchas familias reducen el día festivo a una cena a base de pavo, suculentas guarniciones y bebidas alcohólicas, dejando a un lado lo principal, la acción de gracias.

    Sería interesante determinar a quién dar gracias este jueves 25 de noviembre. Hay quienes dicen que dan gracias a la vida, como si ésta fuera fuente de bendiciones. Otros se declaran agradecidos a la buena suerte, como si ésta fuera una entidad personal.

    Peor aún, hay quienes se dan gracias a sí mismo, pues dicen que todo lo que tienen lo han conseguido con su propio esfuerzo. ¡Qué ciegos son!

    La verdadera acción de gracias se expresa como oración, y como tal, se dirige a Dios. “Thanksgiving Day” pide expresión de fe religiosa. Hay un consejo paulino que orienta bien la festividad: “Estén siempre alegres, oren sin cesar, den gracias por todo. Eso es lo que quiere Dios de ustedes como cristianos.” (1Tes 5,17-18). Aunque haya un día especial de acción de gracias, debemos dar gracias a Dios todos los días del año.

    Jesucristo mismo nos dio ejemplo al practicar la alabanza y acción de gracias. Recordemos un momento de su vida pública que nos narra el tercer evangelista: “En aquella hora Jesús se llenó de alegría en el Espíritu Santo y exclamó, ‘Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien’”. (Lc 10, 21).

    Y también la Virgen María nos dio ejemplo de gratitud al recitar el famoso himno que se conoce como Magnificat (cfr. Lucas 1,46-55).

    Ser agradecidos es sinónimo de ser felices. Los santos y santas han sido las personas más felices del mundo. En cambio, los inconformes y envidiosos son los más desdichados. Dios nos abra los ojos para ver lo mucho que tenemos en vez de fijarnos sólo en lo que creemos que nos falta.