Designio de Dios y misión de la Iglesia

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  1. a) La Iglesia, signo y salvaguardia de la trascendencia de la persona humana

 

49 La Iglesia, comunidad de los que son convocados por Jesucristo Resucitado y lo siguen, es « signo y salvaguardia del carácter trascendente de la persona humana».54 La Iglesia «es en Cristo como un sa­cramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género hu­mano».55 Su misión es anunciar y comunicar la salvación realizada en Jesucristo, que Él llama «Reino de Dios» (Mc 1,15), es decir la comunión con Dios y entre los hombres. El fin de la salvación, el Reino de Dios, incluye a todos los hombres y se realizará plenamente más allá de la historia, en Dios. La Iglesia ha reci­bido «la misión de anunciar el reino de Cristo y de Dios e instaurarlo en todos los pueblos, y constituye en la tierra el germen y el principio de ese reino».56

50 La Iglesia se pone concretamente al servicio del Reino de Dios, ante todo anunciando y comunicando el Evangelio de la salvación y constituyendo nuevas comunidades cristianas. Además, «sirve al Reino difundiendo en el mundo los “valores evangélicos”, que son expresión de ese Reino y ayudan a los hombres a escoger el designio de Dios. Es verdad, pues, que la realidad inci­piente del Reino puede hallarse también fuera de los confines de la Igle­sia, en la humanidad entera, siempre que ésta viva los “valores evan­géli­cos” y esté abierta a la acción del Es­píritu, que sopla donde y como quiere (cf. Jn 3,8); pero además hay que decir que esta dimensión temporal del Reino es incompleta si no está en coordinación con el Reino de Cristo, presente en la Iglesia y en tensión hacia la plenitud escatológica».57 De ahí deriva, en concreto, que la Iglesia no se confunda con la comunidad po­lítica y no esté ligada a ningún siste­ma político.58 Efectivamente, la co­munidad política y la Iglesia, en su propio campo, son independientes y autónomas, aunque ambas estén, a título diverso, «al servicio de la voca­ción personal y social del hombre ».59 Más aún, se puede afirmar que la distinción entre religión y política y el principio de la libertad religiosa –que gozan de una gran importancia en el plano histórico y cultural– constitu­yen una conquista específica del cristianismo.