¡Cuidado con las “primeras bolas”

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Desde el próximo mes se calentará más nuestro ambiente polí­tico, agravado por el hecho de que  se acercan los plazos fatales establecidos por la ley para el inicio de la precampaña de los aspirantes. También nuestras agrupaciones polí­ticas determinarán las reservas de las candidaturas y luego celebrarán las primarias (cerradas o abiertas) donde se elegirán los candidatos que poste­riormente serán regis­trados en la Junta Cen­tral Electoral.

Las informaciones y noticias, reales o in­ventadas, estarán a la orden del día. Seremos testigos de lanzamientos de “primeras bolas” que tal vez nos asombren. Algunas podrían convertirse en “bolazos”, intentando golpear duro, con total mala fe, “obligando” al agredido a defenderse de la forma que pueda.

Soltar “primeras bolas” significa expresar embustes, tergiversar la verdad, buscar destruir reputaciones, tramar fábulas para que la gente las crea. Hay “pitchers” expertos en la materia,  ha­ciendo la salvedad de que no siempre dan la cara, que actúan como “peloteros secretos”, pues saben que en el béisbol cuando el ba­teador no conoce bien al lanzador lo pueden ponchar con mayor facilidad. Resalto que hay “primeras bolas” de origen misterioso.

Eso sí, hay respon­sables de “primeras bolas” que aborrecen el anonimato. Se promueven como los me­jores, incluso aunque no hayan tocado la pe­lota, pero dan a entender a los demás que fueron ellos. “Esa idea fue mía”, afirman orondos, con aire de grandeza. Y es que existen “primeras bo­las” que dan “prestigio” e “importancia”, que son la carta de presentación para lograr posiciones en el parti­do o en el Gobierno.

En la política, al igual que en el béisbol, hay muchas ligas, con lanzadores de bolas de diversas categorías. Veamos las ligas me­nores, con jugadores de limitada incidencia, esos que envían bolas para ser atrapadas por el pequeño círculo que les rodea. Aquí las “primeras bolas” no son primeras, son repe­ticiones de otras que tal vez tampoco sean pri­meras. Son bolas de “quinta categoría”, productos de discusio­nes callejeras, juegos de dominó, chismes de patio y tragos. Son lanzamientos que no causan daño.

Cuidado debemos tener con los de las ligas mayores. Están entrenados. Saben muy bien lo que hacen y las repercusiones de sus actos. Sus bolas son calumnias para aniqui­lar, sin importarle que el bolazo derrumbe al bateador, al receptor, al árbitro o al público. Aquí no hay escrúpulos. Esos son los peligrosos y saldrán ya de la madriguera. Evite­mos escucharlos o ha­cerles caso.