Para reflexionar, meditar y orar en esta Cuaresma

…en la guerra y por la guerra de Ucrania y otros  lugares de conflictos en el mundo. “Las lágrimas son oración silenciosa que sube hasta el cielo y acompaña la gestación en la atormentada tierra ucraniana.

…”Son muchas las  lágrimas” que se vierten en esta Cuaresma 22, por los refugiados, cristianos perseguidos, los enfermos de la Covid-19  y la secuela de precariedad, la escasez de los alimentos básicos, la crisis política y económica a nivel mundial. También, los conflictos bélicos en muchos países, la epidemia del alejamiento de Dios  y el sufrimiento especialmente de tantos niños, mujeres y ancianos. Hay verdaderamente muchas lágrimas en este camino hacia la Pascua  junto con las lágrimas de nuestra Madre del cielo.

…”Las lágrimas de los que sufren no son estériles”, como ha dicho el Papa Francisco, son las lágrimas las que pueden darle paso a la transformación, son las lágrimas las que pueden ablandar los corazones de piedra, son las lágrimas las que pueden purificar la mirada, y ayudarnos  a ver el círculo de pecado en el que muchas veces se está sumergido.

…Son las lágrimas las que logran sensibilizar la actitud endurecida y especialmente adormecida ante el sufrimiento ajeno. Son las lágrimas las que pueden generar una ruptura capaz de abrirnos a la conversión. 

“Llorar por las injusticias, llorar por el degrado, llorar por la opresión, son las lágrimas que pueden abrir el camino a la transformación; son las lágrimas que pueden purificar la mirada y ayudar a ver la espiral de pecado en la cual muchas veces estamos inmersos. Son las lágrimas que logran sensibilizar la mirada sobre la violencia y la actitud endurecida, especialmente adormecida ante el sufrimiento de los otros.

…Son las lágrimas que pueden generar una ruptura capaz de abrirnos a la conversión”. La situación de emergencia exige de todos  los cristianos y gente de buena voluntad el don de las lágrimas. No se pierden nuestras  lágrimas sino que Nuestra Señora del Sagrado Corazón las lleva al cielo como signos del don de la conversión, y fruto de nuestro regreso hacia Dios.