Iglesia Peregrina

Pbro. Isaac García de la Cruz

Los hilos de los intereses pueden ser invisibles o camaleónicos, pero la pregunta acerca de que cuando se empieza perdiendo, ¿quién gana? no resulta retórica. Estamos mirando espantados y casi con sesgo de incredulidad las razones de la guerra entre Rusia y Ucrania. En el Siglo XXI es prácticamente incomprensible la justificación de que, para ponerse de acuerdo, es necesario primero empezar a pelear, colocando por encima de la diplomacia, la razón y la cordura, los armamentos militares.

¡Qué triste resulta entender que, desde el primer ataque de un batallón militar, ya hay huellas de destrucción y muerte! Las desgarradoras imágenes de militares despidiéndose de sus niños y esposas; ver lágrimas en sus ojos e imaginar sus corazones destruidos, antes de que destruyan sus propios cuerpos, evidencian más que ninguna otra realidad, el terror que imprime en sus conciencias la decisión de sus superiores. ¡Qué cruel!

¿En qué hemos avanzado desde las generaciones de los primates y las batallas del Imperio Romano? ¿En mayor capacidad de destrucción en un mínimo tiempo? ¡No debería estar en el récord de ningún ser humano! Ni del que se dedica a planificar la guerra ni del que invierte (¿derrocha o pierde?) millones de dólares en armas, ni del que desde un asiento presidencial planea arrasar pueblos y culturas ni del que pone en peligro a los de dentro y a los de afuera.

Tampoco corresponde solo a la Política Internacional ni a la diplomacia brindar soluciones tan simples y, a la vez, tan importantes; es deber de toda la sociedad y de generaciones enteras preguntarse si la misión a la cual venimos al mundo es a construir o destruir. La respuesta parecería evidente, pero, por los resultados que palpamos, no lo es. Pudiéramos desanimarnos al pensar que el reino animal solo pelea por “un bocado de comida” y no por almacenar; pelea por defender su espacio y sus crías, no para quitarle al otro lo que no le pertenece; pelea por sobrevivir, no por las ganas de acumular sin medida. ¡Hemos perdido la orientación, la misión y el camino! Precisamente quienes creamos la brújula, los objetivos y las autopistas terrestres y aéreas.

Entonces, ¿cuál es el interés de descubrir el firmamento? ¿Será que también queremos hacer realidad la “Guerra de las Galaxias”? ¡Estamos llenando el mundo de tristeza y luto, a pesar de haber sido creado para la felicidad!

¡Volvamos al Génesis! Permítaseme el símil: Cuando se empieza perdiendo, ¿Quién gana?