Por Génesis Mejía, Ambiorix Cabrera y José Soriano.

 Una juventud que siente

Tienes veintitantos años, has terminado tus estudios universitarios y se supone que estás en el mejor momento de tu vida, pero sientes un caos emocional, tu círculo social no es lo que esperabas , y la  inseguridad te atrapa por no saber qué hacer. Además, sentir la presión que la misma sociedad te ha inculcado. Si te sientes muy frustrado a pesar de ser tan joven, te aclararemos que es normal sentirse así, lo único que te sucede es que estás atravesando por la crisis del cuarto de edad o de vida.

La crisis del cuarto de vida es un término aplicado a un período de la vida donde los jóvenes empiezan su transición a la vida adulta, y esta ocurre alrededor de los 25 años de edad. En la actualidad, es ampliamente aceptado por terapeutas y profesionales de la salud mental. No obstante, no suele ser conocido por la población general en la mayoría de los casos. 

Antes, si seguías el discurso: “Estudia, lucha por lo que quieres, esfuérzate” tenías una mayor garantía de poder lograr tus metas y estar más claro de lo que realmente quieres en tu vida, pero a medida que la sociedad se fue desarrollando, comenzaron a surgir una serie de parámetros o estereotipos que frustran a la juventud, donde la precariedad laboral se ha cronificado y desarrollar un proyecto de vida estable se ha convertido en una odisea. 

Durante esta crisis, que cada vez se prolonga más de lo debido, los jóvenes necesitamos poder aferrarnos a una base sólida.  Poder ejecutar planes a largo plazo como independizarse, conseguir trabajo o comprar un carro. Sin embargo, el nuevo orden lo dificulta. 

Todos en algún momento tememos por el futuro y lo que trae con él. Sentarnos y reflexionar sobre nuestras vidas es lo que recomendamos. Nunca sacar a Dios de nuestras vida. A veces hay que desconectarse para volver a conectar. Pensar en lo que realmente nos hace felices, es la clave para avanzar en el sendero de la vida.