“Conversión y fe”

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En este mes de marzo, nuestro itine­rario de evangelización nos propone vivir de manera muy especial, el valor combinado de “Conversión y Fe”. Muy atinada propuesta, si toma­mos en cuenta que la
Cuaresma incia precisamente el día 6 de este mes, Miércoles de Ceniza. Fe y Conversión van de la mano. Una necesita de la otra para ocurrir o perseverar. Cuando alguien siente el llamado a la conversion, tiene fe desde antes, aunque no lo entienda o acepte; o se inicia en el camino de la Fe. Para quien tiene Fe, la conversión es de vital importancia para vivir su Fe y continuar su misión de testimoniar a Jesús, en
quien dice creer.

Me parece muy apropiado este valor en este marzo del 2019, porque el tiempo de Curesma se presta muy adecuadamente para la reflexión sobre el cambio de vida que necesitamos y eso es Conversión. Eviden­temente que no siempre requerimos de un cambio de 180°, pero sí para hacer algunos ajustes, limar aspe­rezas, rebajar orgullos, controlar intervenciones, mejorar la acepta­ción y respeto por la individualidad de los demás, mostrar sentimientos, reconocer cualidades, mejorar la forma de corregir y tantas otras para lo que es muy propicia la Cuaresma.

Lograr esos reajustes nos facilita vivir de mejor manera el lema de este mes de marzo: “Conviértanse y crean en el Evangelio” (Mc 1,15), que no es otra cosa que el mismo valor expresado por Jesús en esa cita
del Evangelista Marcos: Conver­tirnos y vivir la Palabra, ya que es tremenda falsedad decir que se tiene Fe y vivir contrario a ello; o afirmar que nos hemos convertido y negar al Dios que motivó y provocó
la supuesta conversión.

¿De qué se alimentan la Fe y la Conversión? De la oración, los Sacramentos, el servicio, la Palabra y la Comunidad. De manera especial, pasar ratos con Jesús Sacra­mentado, lugar de encuentro con
el mejor y más fiel de los amigos, pero también donde, nos fortalecemos y reconfortamos para continuar diariamente viviendo nuestra fe y conversión. De ahí que hayamos sido convocados a disfrutar la Jornada 24 horas con el Señor, los días 22 y 23 de marzo.

Jesús siempre nos espera para escucharnos y animarnos en nuestro caminar. Es Él quien nos invita. Acudamos a esa cita, que no tiene que limitarse a esos dos días y de la que siempre salimos gananciosos.
Que Jesús de Nazaret nos ayude a vivir muy cerca suyo esta Cuaresma, y a vivir como sus verdaderos testigos, convertidos a transparentarlo con nuestras acciones y con nuestras palabras.