Celebran congreso de malvados y desagradecidos

0
149

Celebran congreso de  malvados y desagradecidos

La mayoría de los que participan en los conflictos de partidos, entre los grandes intereses econó­micos, regionales, turísticos y em­presariales se profesan cristianos.

¿Qué sería, si en vez de intercambiar epítetos tales como “hijos de procedencia irregular”, em­prendiéramos resueltamente el camino de ser hijos del Altísimo como leemos hoy en Lucas 6, 27 – 38?

Jesús y la primera generación cristiana experimentaron en carne propia el odio criminal de sus enemigos.  Jesús les exhortó a amar a los enemigos, amar a los que les odian, bendecir a los que les mal­dicen, orar por los que les insultan. Todo esto lo resumía en una he­roica actitud: si te golpean en una mejilla pon la otra. Es decir, res­ponde como hijo del Altísimo.

La gran motivación de esta exigente actitud es llegar a ser hijos del Altísimo que es bueno con malvados y desagradecidos.

En nombre de la fe que profesamos, o si fuere el caso, en nombre de nobles ideales humanos,  ¿no pudiéramos llegar a acuerdos mínimos los buenos y los malvados para trabajar juntos en algún proyecto concreto que traiga bie­nestar sustentable a la familia do­minicana?

¿Qué sería de la República Dominicana si apoyándose en el saber y los recursos de sectores decisivos, así fuesen enemigos, se desarrollasen propuestas “pícaras” y nobles que hicieran sumamente atractivo el ahorro familiar? Ima­gine una Quisqueya donde cual­quier familia pudiese comprar con sus ahorros una vivienda digna en localidades, con todos los servicios elementales, incluyendo sa­lud, agua, electricidad, transporte, educación, actividades culturales, religiosas y recreativas a pagar en 10 años.

¿No existe nada que podamos hacer juntos en bien de todos? Los países no se construyen con migajas de las altas autoridades, sino con el trabajo, la negociación, el ahorro, la justicia (querrán robarse los chelitos) y la astucia de los hijos del Altísimo.