Catedral de La Vega conmemora Primer Centenario

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Celebración a la devoción De Jesús Nazareno

Los pueblos son grandes por sus tradiciones. Ellas fortalecen los lazos familia­res y comunitarios, pero también la sana relación con la naturaleza y con el Crea­dor. Las tradiciones fomentan aquellos valo­res que son esenciales para la convivencia humana, como son la solidaridad, la amistad, el sentido de pertenencia y la cercanía con lo divino.

La Vega se distingue por ser un pueblo de fuertes tra­diciones que le hace posible la permanencia de su identidad católica como pueblo y su gran espíritu familiar que se respira entre sus mora­dores. Estas tradiciones se van transmitiendo de ge­ne­ración en generación.

De modo que la ciudad de La Vega siempre se ha caracterizado por su religio­sidad y seguimiento de la fe católica, donde se fundó el primer obispado de la isla de Santo Domingo siendo el primer obispo Mons. Suarez Deza, por lo que no es de extrañar que en las familias ve­ganas la religión tuviera un lugar privilegiado en la formación.

Desde principios del si­glo xx, la familia Gómez de esta ancestral ciudad de La Vega, introdujo en el seno de la Iglesia la fuerte tradición a Jesus Nazareno, indeleble en el tiempo, en la que cantan con un coro de religiosos y devotos, acompañados de la banda de mú­sica de esta ciudad, las composiciones sacras de “Jesús Nazareno” y “Esa cruz”, siendo el día de su solemne interpretación la misa de Jesús Na­zareno, el miérco­les a las 11:00 de la mañana, en la Catedral de la In­macu­lada Concepción durante la Semana Mayor y también se ejecutan dichas piezas musicales en las procesiones en la calles de La Vega.

Acompaña a esta tradición, la costumbre de que los feligreses lleven sus atuendos y ropas de color morado.

Esta tradición tomó más fuerza, cuando don Lorenzo Gomez Grate­reaux mandó a esculpir a Italia, una imagen que representara la fisono­mía de Jesús Nazareno, la que fue traída desarmada desde Roma, para facilitar su delicada transportación en barco desde Europa.

Como don Lorenzo Go­mez fue por largos años el sustentador de la tradición religiosa, se creó la costumbre de que la procesión del Na­zareno pasara frente a su casa y ahí se detenía por unos minutos (casa situada entre las calles padre Billini y Leoncio Ramos)

Todo esto hace que la ce­lebración de la Semana San­ta también forma parte de la idiosincrasia del pueblo ve­gano. La larga tradición de sus procesiones, peregrinaciones y las variadas cofra­días que existen aún entre su gente, es muestra de estos valores que se deben conservar, si queremos mante­ner en alto la memoria de nuestros antepasados.

Precisamente este año conmemoramos el centena­rio de la celebra­ción de esta hermosa tradición a Jesús Nazareno. ¿Por qué la que­re­mos celebrar? En primer lugar, por­que los pueblos que no valoran sus tradicio­nes están destinados incluso a desaparecer. En segundo lugar, porque queremos re­conocer el legado de tantas familias veganas que mantuvieron viva estas tradicio­nes: como son las familias Gómez Cea­ra, Peña, Martí­nez, Despradel, Villa, Con­cepción  y otras tantas que mantuvieron viva estas tra­diciones religiosas.

La celebración de los 100 años de la devoción a Jesús Nazareno debe convertirse en un momento de re­flexión para pensar seria­mente sobre el papel que ocupa hoy en la familia y en nuestra sociedad estos valo­res religiosos que le daban sentido a la vida de nuestros jóvenes.

Para conmemorar estos 100 años lo haremos con un novenario dedicado a Jesús Nazareno, desde el martes 9 al miércoles 19 de abril. Ce­lebraremos la Eucaristía a las 5.30 de la tarde, expo­niendo una reliquia de la “Vera Cruz”, donada a la Dió­cesis por el Papa San Pablo VI en una peregrinación diocesana que organizó el siempre recordado Mons. Juan Antonio Flores Santa­na. Ofreceremos retiros a maestros, estudiantes y a todos los fieles en general, con la finalidad de que aprendamos a valorar, res­petar y fo­mentar estas hermosas tradiciones religio­sas.

Que la celebración de estos 100 años de la devoción a Jesús Naza­reno nos lleve en este tiempo de Cuaresma, a vivir más in­tensa­mente el misterio pascual y así demos el paso con Jesús, que es paso de la muerte a la vida, de la tristeza a la alegría y de la duda a la fe en un Dios que se nos ha revelado en la persona de Jesús de Nazaret.