Carta apostólica del papa Francisco en el XVI Centenario de la muerte de San Jerónimo

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Su nombre en latín es Scripturae Sacrae affectus (Estima por las Sa­gradas Escrituras), hecha para conmemorar los 1600 años de la muer­te de San Jerónimo. Por eso fue pu­blicada el 30 de septiembre de este año, día en que la Iglesia recuerda la muerte de San Jerónimo en este mundo y su nacimiento a la vida eterna en Dios.

Otros Papas habían escrito sobre esta figura de la Igle­sia, y el mismo Francisco los nombra: Bendicto XV con la carta Encíclica Spiritus Paraclitus, conmemorando el decimoquinto aniversario de su muerte y Benedicto XVI en unas catequesis, las cuales resumimos en este medio años atrás.

El Papa comienza la carta ha­blando de la vida de San Jerónimo, su biografía, pero sobre todo sus aportes a la Iglesia de entonces y su labor de hombre sabio al servicio de la Iglesia de Roma, su espiritualidad y amor por la Palabra de Dios, la cual le llevó hasta tierra Santa, donde realizó su magnifica e insig­ne obra que fue la Vulgata: la traducción de la Biblia desde los textos originales, sobre todo el Hebreo del Antiguo Testamento, al Latín vulgar, el idioma común en esos tiempos.

Un punto interesante es el dete­nimiento que hace el Papa sobre el retrato de San Jerónimo; señala los pintores que los hicieron en donde destacan las facetas de Jerónimo: una el monje penitente y la otra el hombre de estudio, y se destaca la del pintor Caravaggio en donde se unen las dos: “…las dos fisonomías contrapuesta que aparecen en su figura son, en realidad, elementos con los que el Espíritu Santo le permitió madurar su unidad interior”, dice Francisco.

Luego la carta comienza a desglosar la importancia de Jerónimo en su relación con las Sagradas Escrituras, puntualizando primeramente su amor hacia las Sagradas  Escrituras: “El rasgo peculiar de la figura espiritual de San Jeró­nimo sigue siendo, sin duda, su amor apasionado por la Palabra de Dios, transmitida a la Iglesia en la Sagrada Escritura”. Com­para  su pasión a la de los profetas de la misma Biblia y dice que él fue un servidor fiel, trabajador y consa­grado, para que sus hermanos comprendieran el “depósito” sagrado”, e invita a que guiados por Jerónimo, como él, hagamos una lectura co­rrecta y fecunda de las Sagradas Es­crituras. Señala el esfuerzo que de­ben hacer las facultades teológicas para que sus estudiantes de Sagra­das Escrituras tengan la competencia interpretativa tanto en la traducción como en la interpretación de los textos, y esta el deber de promo­ver una formación extendida a todos los cristianos, al igual que en la familia y en la Iglesia.

El Papa resume la obra de Jeró­nimo como una inculturación de la Palabra de Dios: “Con su traducción, Jerónimo logró ‘inculturar’ la Biblia en la lengua y la cultura latina, y esta obra se convirtió en un paradigma permanente para la acción misionera de la Iglesia”, elemento tan importante para la evangelización hoy, ya que el traductor de la Palabra de Dios se convierte en un puente, pues la Biblia necesita ser traducida e insertada en la cultura de cada generación, como en la cultura secularizada de hoy.

La carta concluye con un llamado a todos y en especial a los jóve­nes al estudio, sobre todo del cristianismo como patrimonio cultural, como fue Jerónimo, hombre de estudio, a quien define como “Bi­blioteca de Cristo” y destacando el ejemplo de María, a quien Jerónimo evocaba en su actitud de lectora orante de la Escritura.