¡Caramba!, ¡Caray!

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Anteriormente he expresado mi admiración ante el hecho de que palabrotas españolas perdieran en nuestras tierras su áspera condición, llegando a ser totalmente inofensivas. Solo eso explica que pudiéra­mos escucharlas hasta en boca de nuestras madres, acérrimas enemigas de las “malas palabras”.

Algunos términos, aunque per­dieron totalmente su significado original, siguieron siendo malsonantes; por eso se hizo derivar de ellos voces nuevas, más ‘suaves’ pero semejantes.

Tal es el caso de Caramba y Caray, provenientes de carajo. (En nuestro país se escuchaba también caracha y carijo). Por algún tiempo, la Academia Española (DRAE) entendió que estos nuevos términos se usaban con el significado ori­ginal.

Pero como bien lo expresa José Moreno de Alba en su obra citada más arriba, entre nosotros, caramba y caray no son más que simples e inocentes interjecciones.

 

Cesárea, Cesarea

 

Escuché recientemente a una comunicadora leer en TV la noticia del concierto de Julio Iglesias en Israel; dijo que éste se presentó “en el teatro cesárea”, comentando a seguidas: “Oiga qué nombre; debe doler mucho”.

La noticia original, servida por SIN, dice que se presentó “en el anfiteatro de Cesarea”.

Da la impresión de que la comunicadora solo conoce la palabra cesárea, la que se refiere a la intervención quirúrgica (en inglés C-section), pero ha habido cantidad de ciudades llamadas Cesarea (que se pronuncia cesaréa, en castellano), en honor de César Augusto, varias de las cuales se mencionan en el Nuevo Testamento. Tal es el caso de Cesarea marítima, ciudad portuaria entre Haifa y Tel Aviv, construida por Herodes El Grande en honor del emperador romano. Es famoso su anfiteatro, al cual se refiere la noticia.

Cesárea, la operación, se refiere a César, porque según una leyenda, él nació de esta manera; o porque, según Plinio el viejo, el mismo nombre de César proviene del verbo latino caedere (= cortar; “ab utero caeso”), por haber nacido mediante la referida cirugía. Pero sobre esto no hay acuerdo entre los estudiosos.

 

Ciudad

 

Como sabemos, ciudad viene de la palabra latina cívitas; y esta de civis (ciudadano). Como en la ciudad estaban las escuelas, los centros de arte, etc., de ella salieron pala­bras como civil, civili­zado, civiliza­ción, pues se supone que ella era el centro de irradiación de estas cosas.

En castellano, cívitas primero produjo cibdad (así aparece en los textos antiguos). Luego llegó a ser la palabra que conocemos: ciudad. De cívitas procede también la ­palabra inglesa city, lo mismo que la francesa cité (ambas con el significado de ciudad). Polis, la palabra griega correspondiente a ciudad, ha dado al castellano y a muchos idio­mas varios términos, entre ellos político y policía. En griego, politikós significa relativo a la polis (ciudad) o al gobierno. Politéia se refiere a la organización de la ciudad (polis). Por esa razón, durante algún tiempo en castellano se lla­maba ‘jefe político’, al ‘jefe de la policía’.