Doctrina Social de la Iglesia

427 Con el fin de prevenir y atenuar posibles conflictos entre la Iglesia y la comunidad política, la experiencia jurídica de la Iglesia y del Estado ha delineado diversas formas estables de relación e instrumentos aptos para garantizar re­laciones armónicas. Esta experiencia es un punto de referencia esencial para los casos en que el Estado pretende invadir el cam­po de acción de la Iglesia, obstaculizando su libre actividad, incluso hasta perseguirla abiertamente o, vice­versa, en los casos en que las organizaciones eclesiales no actúen correctamente con respecto al Estado.
 a) La unidad de la familia humana.

Libro electrónico: Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia - Opus Dei

428 Las narraciones bíblicas sobre los orígenes muestran la uni­dad del género humano y en­señan que el Dios de Israel es el Señor de la historia y del cosmos: su acción abarca todo el mundo y la entera familia humana, a la cual está destinada la obra de la crea­ción. La decisión de Dios de hacer al hombre a su imagen y semejanza (cf. Gn 1,26-27) confiere a la criatura humana una dignidad única, que se extiende a todas las generaciones (cf. Gn 5) y sobre toda la tierra (cf. Gn 10).


El libro del Génesis muestra, además, que el ser hu­mano no ha sido creado aislado, sino dentro de un contexto del cual son parte integrante el espacio vital, que le asegura la libertad (el jardín), la disponibilidad de alimentos (los árboles del jardín), el trabajo (el mandato de cultivar) y sobre todo la comunidad (el don de la ayuda de alguien semejante a él) (cf. Gn 2,8-24).
Las condiciones que aseguran plenitud a la vida hu­mana son, en todo el Antiguo Testamento, objeto de la bendición divina. Dios quie­re garantizar al hombre los bienes necesarios para su crecimiento, la posibilidad de expresarse libremente, el resultado positivo del trabajo, la riqueza de relaciones entre seres semejantes.