Bodas de Oro matrimoniales de Rafael y Giselda

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Bodas de Oro matrimoniales de Rafael y Giselda

Ustedes si han tenido suerte con sus hijas. Nuestra respuesta: “la suerte es un 5 %, el resto es dedicación, es entrega, es amoroso sacrificio. Lo que al cumplir 50 años de vida matrimonial tenemos, se forjó en el fragor de una constante dedicación. Como decía la invitación de la boda, parafraseando a Michael Quoist: “No están ni estarán jamás totalmente casados, tienen que casarse cada día”.

Hay quienes inician su vida matrimonial con miras a conquistar el mundo empresarial, el éxito cifrado en ascenso social y económico. Rafael y Giselda cuando al comprometerse como novios, se juraron frente al Sagrario amor eterno, se dijeron: Tu y Yo con Cristo como Centro.

Iniciaron su noviazgo y luego su vida matrimonial con la meta de fundar una familia cultivada en un hogar pleno de amor, de valores cristianos, trabajo, honestidad, respeto, solidaridad y servicio. Su accionar se encaminó en esa dirección y hoy cosechan tres hermosas mujeres por dentro y por fuera. Mujeres profesionales al más alto nivel, orgullo de las empresas e instituciones donde laboran. Madres ejemplares que educan día tras día en valores; esposas amorosas y plenas y quienes fundamentan su vida en Cristo, y en el servicio, en el trabajo tesonero, honesto y responsable. Les han entregado cinco hermosos nietos: 3 niñas y dos niños, que hoy les llenan de alegría con sus ocurrencias y sus manifestaciones de amor.

Se conocieron estando en el tercero de bachillerato, se gustaron y comenzaron a compartir y a conocerse por más de seis años. Apreciaron la consonancia de sus perspectivas de vida, su accionar como cristianos comprometidos con Movimientos Juveniles de los 60 y 70, hasta llegar a ser ambos rectores de los Cursillos de Vida. Un Movimiento similar al de Cristiandad, pero para adolescente y jóvenes. Servicio con jóvenes en este Barrio, por eso su decisión de casarse aquí y de celebrar las eucaristías de los 25 y 50 años aquí, recordando el trabajo realizado en la Parroquia. Luego fueron dirigentes de Encuentro Matrimonial y hoy están sirviendo al Señor en la Hermandad de Emaús. Su Fe se fortalece cada día, viviendo encuentros y desencuentros que fortalecen su caminar hacia la Patria Celestial.

Han sido años maravillosos, eso no quiere decir perfectos. Años en los que no ha faltado hasta la separación física, ya que uno de los dos se desvió de la ruta diseñada y se olvidó del “Proyecto”. No fue cosa de otras mujeres u hombres; NO,

se trató de sustitución de valores esenciales sobre los que se cimentaba la relación y la vida de pareja y de familia. Pero ese “tropiezo” generó un reencuentro que fortaleció la relación, gracias a la evaluación y aprecio de las fortalezas que le adornaban de forma individual y como pareja; las debilidades que entorpecían, y sobre todo, las oportunidades que las experiencias vividas y las bases que les soportaban como pareja, centrada en Cristo, les proporcionaba.

Hoy conquistan 50 años de vida de pareja y familia, con un amor maduro pero que aún genera entusiasmo y coqueteo, porque ha sido un peregrinar en donde se ha cultivado el compartir constante. En donde se aprendió a disfrutar juntos, a luchar juntos, a trabajar juntos y a llorar y reir juntos.

“Nada es más perfecto que el amor” leemos en la primera carta de Pablo a los Corintios. En el versículo 1 Pablo nos dice: “Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si me falta el amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe. O sea, sería una relación hueca, una relación vacía. Y ese capítulo 13 finaliza de manera magistral, cuando leemos:” Ahora pues, son válidas la fe, la esperanza y el amor; las tres, pero la mayor de estas tres es el amor”. Ese debe ser el soporte de toda vida de pareja. Fe en que el Señor camina a nuestro lado. Esperanza de ser siempre salvos por la redención de su muerte y muerte de cruz; y el amor, santificando la relación, robusteciendo la relación y haciendo posible la existencia de la pareja y de familia.

Esto es lo que se llaman 50 años exitosos. 50 años en los que se cosechó lo sembrado con Fe, caminando año tras año con la esperanza puesta en el Señor y el amor, como el gran marco que envolvía. La familia de Rafael y Gisel es una familia exitosa, porque han tenido y tienen a Cristo como centro de sus vidas.