Ser periodista es algo muy serio, y más aún en estos tiempos en los que todos tenemos acceso a opinar de lo que sea, especialmente a través de las redes sociales, donde se suele hacer sin investigar ni verificar la información. Vivimos en una época en la que quien comunica actúa como si fuera un profesional del periodismo.
Pero, entre tantas confusiones y personas confundidas, deseo externar algunas reflexiones inspiradas en un encuentro que recientemente sostuve con amigos de la prensa, a propósito del Día del Periodista.
“La libertad de expresión no justifica mentir ni dañar reputaciones; en ese instante se convierte en libertinaje, es decir, en deshonestidad, indecencia y desenfreno. Las expresiones de quien comunica, tenga o no experiencia en ese arte, son extensiones de su personalidad y reflejos de sus valores humanos”.
“Cuando comunicamos aquello que entendemos de interés colectivo, corremos el riesgo de no advertir que, en determinados momentos, lo que nos inquieta carece de importancia para buena parte de la población, la que tiene otros intereses”.
“Entre nosotros hay periodistas y comunicadores tan temerosos que prefieren no enterarse de asuntos trascendentales, no vaya a ser que la lengua los traicione y expresen una verdad que consideran perjudicial para sus intereses. Evitemos a los periodistas y comunicadores que borraron de su vocabulario palabras como justicia, igualdad, fraternidad, libertad, honestidad, valor y trabajo”.
“Me aparto de quienes se enfocan en comunicar nimiedades, sin exigir, sin cumplir propósitos y sin alzar la voz. Caminan por las calles apenas guiados por un instinto de supervivencia semejante al de animales domesticados. Para escribir hay que ser valiente y decente, una armonía que no siempre resulta sencilla”.
“Hoy, entre tantos medios de comunicación, la prudencia consiste en no creer ni divulgar aquello de lo que no tenemos certeza. La desinformación nos invade y exige de nosotros mayor discernimiento”.
“¡Ay! Me apenan los periodistas y comunicadores que carecen de vida, de pasión y de un ego sano; aquellos que divagan, que aman lo superficial, que se ciegan ante el dolor ajeno; los que se adaptan a lo que les permite permanecer “en el juego” aunque su honor termine convertido en piñata, donde hasta los niños le entran a palos. El periodista y el comunicador tibio dan lástima”.
“El papa León XIV, en mayo de 2025, durante una audiencia concedida a periodistas en el Vaticano, expresó: “…nos piden a cada uno de nosotros, en nuestros diferentes roles y servicios, que nunca nos rindamos ante la mediocridad”. En ese sentido, estoy convencido de que un comunicador mediocre, que no lee ni investiga, puede ser tan peligroso o dañino como aquel que manipula verdades o promueve mentiras”.




