Padre William Arias
Este domingo de resurrección se reafirma nuestra fe cristiana en Jesús, que murió pero resucitó, el Cristo que surge triunfante de la muerte, como anoche proclamaba el Pregón Pascual, el Hijo del Padre que nos muestra su eternidad y no se queda con ella sino que nos hace partícipes de la misma.
Los hombres y mujeres de este mundo caminábamos abrumados por la vida, debido a la sombra de la muerte, que desde llegar a este mundo nos perseguía, pero ahora, aunque no sabemos cuándo ella se abalanzará sobre nosotros y nos hará suyos, hay una esperanza de triunfo, pues ella ha sido vencida por el Cristo victorioso, que triunfa sobre la muerte.
Una de las tradiciones sobre Jesús más comunes en los evangelios es la relativa a la resurrección. Todos narran al final que él resucitó, que las primeras en advertirlo fueron las mujeres y que luego se apareció a los discípulos. Ese marco común se presenta de diferentes formas y con diversos matices según la intencionalidad y la comunidad a la que va dirigido el evangelio.
La Palabra de Dios contenida en las Escrituras, que es nuestra estrella iluminadora en este caminar por este mundo, en los evangelios nos habla de la resurrección de Jesús, todos concluyen con la experiencia de los discípulos que le han visto de vuelta a la vida, que come con ellos y le acompaña en el nuevo caminar.
Pablo, el gran promotor de la fe, no se cansará de hablar acerca del resucitado, lo predicará por todos lados, partiendo de la experiencia de que a él se le apareció y le dio la misión de comunicarlo al mundo hasta entonces conocido.
El asunto es que la Biblia afirma la nueva vida en Jesús tras la muerte, en él se cumple lo que el evangelio de Juan dice de que lo que Dios quiere es que tengamos vida, y vida en abundancia, y este deseo de Dios se ha concretizado en la resurrección de Cristo.
Tal vez más que coordenadas históricas tras la resurrección, estamos ante unos indicadores de lo que debe ser el primer paso para adentrarnos en la espiritualidad cristiana, que tiene como base la experiencia en el resucitado.
Recordemos que tras la resurrección es que los discípulos entienden en verdad lo que es Jesús, en esto el relato de Lucas de los discípulos de Emaús (Lc 24,13-35) es ejemplar y típico. Se comienza a hacer una especie de retrospectiva de lo que dijo e hizo Jesús, a partir del hecho de la resurrección, de ahí la importancia del ir a Galilea, de volver no solo al lugar, sino a lo que allí sucedió, previo a los hechos acaecidos en Jerusalén, donde Jesús muere y resucita.
Tenemos ahora el compromiso de anunciar a Cristo resucitado, habíamos comunicado al mundo su muerte, ahora corresponde anunciar que él está vivo, al lado del padre Dios y aguarda por nosotros, ya que lo que consiguió para sí, también lo consiguió para nosotros.
Si el compartir del Jesús pascual ha sido tan amplio y extensivo, así debe ser a partir de ahora nuestra cercanía con toda la humanidad, pues como decía el teólogo español, ya fallecido, Ignacio González Faus: Con Cristo ha surgido una humanidad nueva, a la cual ninguno de nosotros si creemos en él debemos sustraernos, sino por el contrario, ser partícipes de ella y hacer partícipes a los demás, a partir de dos realidades: solidarios con los necesitados -los pobres- y poniendo en práctica los valores del reino.
Vivamos esta Pascua 2026 en la esperanza que el buen Dios nos la regala. Seamos mensajeros alegres de la resurrección. Todo ha sido vencido en el misterio pascual acaecido en Cristo-Jesús, los problemas incluso la muerte, no tienen poder sobre nosotros, Dios ha triunfado, el ideal de la plenitud del reino nos espera.




