“Vio y creyó.” (Jn 20,8)
En la madrugada del primer día de la semana, María Magdalena corre al sepulcro y lo encuentra vacío. La piedra ha sido removida y el cuerpo del Señor ya no está. Pedro y el discípulo amado llegan también, entran y contemplan los signos. El Evangelio dice que uno de ellos “vio y creyó”. Así comienza el anuncio más grande de la fe cristiana: Cristo ha resucitado.
La Resurrección no es solo un acontecimiento del pasado; es una realidad viva que transforma la historia. La muerte no ha vencido. El pecado no tiene la última palabra.
En Jesús, Dios ha abierto un camino nuevo donde la vida triunfa y la esperanza renace en cada corazón que cree.
A lo largo de la Semana Santa hemos acompañado al Señor en su Pasión. Hemos contemplado el sufrimiento, la entrega y el silencio de la cruz.
Hoy, la luz irrumpe en medio de la oscuridad. La tumba vacía no es ausencia, es signo de presencia nueva. Cristo vive y camina con nosotros cada día.
También en nuestra vida hay momentos de oscuridad, de pérdida o de incertidumbre. La Pascua nos recuerda que Dios puede transformar incluso aquello que parece definitivo.
Allí donde todo parece terminado, Él hace nacer algo nuevo y abre caminos inesperados.
Creer en la Resurrección es aprender a mirar la vida con esperanza. Es confiar en que el amor es más fuerte que el odio, que la verdad vence a la mentira y que la vida siempre encuentra camino.
Pidamos la gracia de vivir como hombres y mujeres pascuales. Que nuestra fe se traduzca en alegría, compromiso y testimonio. Cristo vive, y su presencia ilumina cada paso que damos.
Ánimo.
Ysis Estrella Roman.




