Cuando públicamente hacemos una propuesta, tenemos el deber de darle seguimiento; de lo contrario, podría concluirse que la misma fue un pueril capricho. Hay que insistir, con la esperanza de que se haga realidad.
Hace meses publiqué que en este 2026 el Día de las Madres cumple cien años y que la ocasión ameritaba una celebración especial. Es una festividad que nos ha marcado a todos, independientemente de nuestra condición o de si nos encontramos aquí o fuera del país.
Ese momento nos une como pueblo; nos vuelve más cariñosos o más tristes cuando la progenitora ha partido; durante la semana, en las escuelas y colegios es el tema principal; las tiendas venden como nunca: esas reinas merecen que se le regale algo más que amor, y aun así, cualquier obsequio resulta poco.
Repasemos la historia. Aunque ya algunas naciones honraban a las madres, es en la década de 1920 cuando la iniciativa tomó fuerza entre nosotros. Su centro fue la ciudad de Santiago de los Caballeros. Así, en 1926, mediante decreto del presidente Horacio Vásquez, se instituyó el Día de las Madres para el último domingo de mayo. Era un reconocimiento a su importancia en la familia y en el desarrollo de la sociedad. Sus símbolos eran el clavel rojo para representar a las madres vivas y la azucena o nardo para las fallecidas.
Esta iniciativa tuvo dos protagonistas: la señorita Ercilia Pepín y doña Trina de Moya, quienes son de las dominicanas más destacadas de nuestra historia. Invito a conocer sus legados. Ercilia Pepín, entre sus motivaciones, consideró a las madres “dadoras de vida y guías de las generaciones, en las que el sufrimiento del doloroso devenir del pueblo dominicano encarnó el sentimiento de la dominicanidad, para que los hijos agradecidos aprendieran a construir la patria”.
¿Y quién de nosotros no ha cantado las estrofas del Himno a las Madres, escrito por doña Trina de Moya?: “Venid los moradores del campo y la ciudad y entonemos un himno de intenso amor filial, cantemos a las madres la ternura y el afán, y su noble atributo de abnegación sin par”.
El próximo Día de las Madres debe ser más extraordinario. ¡Cumple un siglo de vida! En ese tenor, lo reitero, sugiero que el presidente Luis Abinader forme un comité que reciba todo el respaldo necesario para festejar la ocasión como Dios manda, resaltando el papel de nuestras madres, todo el respeto que merecen y el valor que tienen.
Estoy convencido de que esta propuesta recibirá el apoyo de todos los que la conozcan, aunque la última palabra la tiene nuestro jefe de Estado, quien, como es sabido, es un excelente hijo.




