Rafael Peralta Romero
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El 24 de febrero de 2026, fue presentado en el Museo de la Catedral de la Arquidiócesis de Santo Domingo, el libro “De la mano con la palabra 180°”, del padre David Soriano y Soriano, y me correspondió el honor de pronunciar el discurso de ponderación, del cual extraigo una parte sustancial.
Con la publicación, el autor ofrece a la comunidad y muy especialmente a quienes aspiran a mantener una relación más cercana con el Señor y una mayor capacidad de percibir y atesorar el contenido de su palabra, una guía para orientar sus pasos. Ayuda a armonizar la vida laboral, familiar y de relaciones sociales en general con la sabiduría que proporciona el espíritu, que siempre “está pronto”, pero que tropieza con las debilidades de la carne.
Las reflexiones del padre David constituyen un alimento espiritual que se toma dosificado. Decimos con esto que este libro, pequeño de volumen, pero inmenso en contenido espiritual, ha sido escrito y editado con un propósito bien definido. Algunos libros se leen de corrido, las novelas, por ejemplo, cuando están bien compuestas, atrapan al lector y le cambian sus hábitos por unos días, porque éste no quiere despegarse de la historia.
El libro del que hablamos no persigue esos fines, aunque vale una lectura continuada de las 180 cápsulas espirituales en él contenidas, no es un libro para decir “ya terminé de leerlo” y regalarlo o prestarlo a otra persona. Lo que nos ofrece el padre David es materia de vigencia permanente, que funciona como reconstituyente del espíritu y de la devoción.
Reconstituyente es un elemento que reconstituye. En la medicina se le aplica a quien ande débil, requerido de restauración corporal. Son sinónimas de esta palabra reparador, reconfortante, tonificante, reanimador. El preparado del padre David reúne todas estas cualidades, para reanimar espíritus débiles que adolecen de algunas insuficiencias que les impiden realizar a plenitud la vida espiritual e incluso las relaciones con los demás. Él lo ha elaborado en cápsulas para facilitar la ingestión.
Hay cápsulas para apoyar la vida espiritual y también las cuestiones de orden terrenal. La primera reflexión dice: “Donde quiera que Dios te haya puesto, sirve, trabaja y resuelve”. Es evidente que se trata de una guía que busca armonizar nuestra marcha por la vida. La vida material, el matrimonio, el trabajo o la amistad no pueden mostrar resultados favorables si no andan en armonía con la vida espiritual.
Las potencias del alma nos diferencian del resto de los seres animados y esa parte del ser humano requiere de mantenimiento, como lo requiere la otra división, que es la materia, nuestro cuerpo. El libro “De la mano con la palabra” puede considerarse un prontuario para mantener en forma el espíritu.
“El que cree ha de actuar conforme a lo que cree”. Así reza la cápsula número tres. Y de esto se infiere que es imposible ser cristiano y actuar contra la doctrina de Jesús, y en consecuencia, asumir comportamientos que contradicen las directrices del Evangelio. Cada día conocemos noticias de personas que se dejan arrastrar al fracaso debido a que no pudieron dominarse ante la posibilidad de incursionar en una acción reñida con la fe, reñida con la moral y reñida con la ley.
Una advertencia del Maestro a sus discípulos, relatada en Mateo 26:41, plantea la contradicción entre la propensión del espíritu a practicar el bien y la tendencia contraria impulsada por la carne (débil y flaca). Hablamos de que el alma sugiere actuar conforme a la voluntad de Dios, pero la naturaleza humana es sacudida por las tentaciones. Aquí se presenta la necesidad de recurrir a un reforzamiento de la fe y de las energías espirituales. Y para eso, precisamente, sirven las reflexiones del padre David.
La sabiduría que irradia el libro “De mano con la palabra” ha sido insuflada por el propio señor Jesucristo, a través de su palabra. Él ha dicho: “Háganse el propósito de no preocuparse de su defensa, porque yo les daré un lenguaje y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos sus adversarios”. (Lucas 21,14-15).
Digo esto porque el libro se ha originado en un proceso de cocimiento a fuego lento, sin agitación ni sobresaltos, donde este esforzado servidor de la Iglesia ofrece las lecturas correspondientes a la liturgia de cada día con algunas orientaciones exegéticas.
No es coincidencia, sino expresión de un propósito de nuestro autor de pregonar aquello que vive y siente. Vale decir que lo que ebulle en su interior es la necesidad de pregonar la palabra de Dios. Y así se cumple otro dicho del Maestro: “De la abundancia del corazón habla la boca”. (Lucas 6:45).
Esta enseñanza del divino Maestro tiene valor y aplicación mucho más allá de lo religioso. Sabemos que el psiquiatra y el psicólogo evalúan a sus clientes a partir de lo que hablan en la consulta. Los filólogos estudian la cultura y el habla de los pueblos según cómo se expresan los personajes de obras literarias procedentes de la localidad donde se ambienta la obra. Somos lo que hablamos.
Las palabras sacan a flote lo bueno o malo que se aloja en el interior de las personas. En el mismo capítulo del Evangelio de Lucas antes citado tenemos una prenda discursiva, en palabras de Jesús, que da sustancia y justificación al libro del padre David: “Ningún árbol bueno da fruto malo; tampoco da buen fruto el árbol malo.” (Lucas 6, 43-45).
Las reflexiones del padre David no excluyen destinatarios. Son para hombres y para mujeres, para jóvenes y mayores, para laicos y consagrados. Incluso, este libro ha de servir para cristianos que profesan confesiones no católicas. Me aferro al convencimiento de que alcanzar el mejoramiento de la fe en la feligresía significa el mejoramiento de la Iglesia, el pueblo de Dios, y esto se traduce en mejoramiento de la sociedad.
El libro representa una joya espiritual dirigida a esclarecer el entendimiento, ablandar corazones y robustecer la fe cristiana. Enhorabuena.

Padre David Soriano, al centro, acompañado del arzobispo metropolitano de Santo Domingo, monseñor Francisco Ozoria; el padre Martín Gutiérrez, la embajadora de los Estados Unidos en República Dominicana, Leah Francis Campos, y el escritor Rafael Peralta Romero, presentador de la obra.




