Padre William Arias
Desde este domingo comenzamos a vivir el tiempo de Cuaresma como el camino que nos lleva a la Pascua, al triunfo de Cristo, que en términos del apóstol Pablo es el nuestro. Vamos a comenzar todo un itinerario de sacrificios y actos de piedad, para espiritualmente prepararnos para el acontecimiento ya mencionado que vamos a celebrar, es un volvernos a nosotros mismos y convertirnos en relación con Dios y con los demás y así poder vivir en verdad el nuevo tiempo que al resucitar inaugura el crucificado.
La Cuaresma son cuarenta días y cuarenta noches en las cuales el cristiano reivindica el elemento de purificación para un encuentro grande con Dios en la persona de Jesús, como nos lo prefiguran las Sagradas Escrituras.
En la Biblia hay toda una numerología simbólica, que se dirige a una significación espiritual más que a un hecho cuantificable en sí. En este caso el 40 alude a un tiempo de purificación, sacrificio, prueba, aprendizaje de la fe, búsqueda de la liberación del mal, para una gran epifanía o manifestación de Dios o accionar del mismo, de cara al futuro del implicado en tal cuarentena.
En el Antiguo Testamento tenemos el diluvio que tuvo este tiempo de duración (Gen 7,12), el objetivo era purificar la tierra del pecado que rebasa el límite en el mundo; Moisés dura 40 días con Dios en el Sinaí (Ex 24,18; 34,28), como purificación suya en representación de la purificación del pueblo, para la alianza que con Yahvé van a realizar; el pueblo de Israel dura 40 años en el desierto (Núm 14,33 y Dt 8,2) pasando pruebas, purificaciones y aprendizaje de la fe antes de llegar a la tierra prometida; varios Jueces gobiernan por 40 años en el sistema tribal y clánico de Israel en sus comienzos: Otniel (Jue 3,11), Débora y Barac (5,31), Gedeón (8,28); Goliat desafía a Israel durante 40 días (1Sam 17,16), antes de que David lo venciera; Elías camina a pie por 40 días hasta el monte Horeb (1Reyes 19,8), para encontrarse en un cara a cara con el Señor, y Jonás anunció en Nínive que la ciudad será destruida en 40 días (Jon 3,4), si no se convierte.
En el Nuevo Testamento tenemos dos testimonios sobre el número 40, y es el ayuno de Jesús en sus cuarenta días en el desierto (Mc 1,13; Mat 4,1-2 y Lc 4,1-2), donde pasa un tiempo de prueba, tentado por el diablo antes del inicio de su misión o de lo que conocemos como su vida pública, o el arranque del anuncio del reino.
También tenemos que Jesús se le aparece a los discípulos 40 días tras la resurrección, enseñándoles sobre el reino y la misión que ellos tendrán por delante, antes de su ascensión al cielo (Hech 1,3).
En resumen, en la Biblia, el 40 representa: tiempo de prueba, preparación para una misión, purificación, conversión, paso a algo nuevo, por eso la Iglesia vive la Cuaresma (40 días) como camino hacia la Pascua, vivamos con disposición a ser mejores este tiempo kairológico o de presencia fuerte de Dios.
Aprovechemos cada instante del mismo y dispongámonos a purificar lo que haya en nuestra vida necesitado de este elemento espiritual, para que así se opere una verdadera conversión que nos lleve a liberarnos de nuestros pecados y abrirnos a lo nuevo que Cristo quiere darnos, por mediación de su pascua salvadora, que se convierte también en la nuestra.




