Su nombre significa: “Segunda ley”, pues fue el nombre griego que se le dio. En Hebreo su nombre es: “Estas son las palabras”, pues así comienza cada discurso de Moisés, que es el contenido del libro. El pueblo de Israel está ya presto para entrar en la tierra prometida y Moisés les habla, a la vez que se despide, pues sabe que no entrará en dicha tierra. Es el contexto literario del libro. Pero en sí, fue escrito en el reino del norte, en un primer momento (caps. 12- 25), pues obedeció a varias redacciones.
En el libro de II de Reyes 22, 8-13, se habla de que en tiempo del rey Josías, gran reformador y Rey de Israel (S. VII a. C.), mientras se reconstruía el templo fue hallado un escrito, una ley, con la cual dicho gobernante comenzó una gran reforma del reino. Tal parece que esta era la primera redacción del Deuteronomio, llevada al reino del sur, tras la caída de Samaría en el 722 a. C., el cual no fue bien recibido y arrinconado en algún lugar del templo de Jerusalén. Con el hallazgo se le da una segunda redacción (caps. 6-11 y 29-30) y más tarde, en la época del segundo exilio de Babilonia (587-537 a. C.), su redacción final que llega hoy hasta nosotros (caps. 1-5 y 29-34).
Ya el pueblo de Israel, en el libro del Éxodo, Levítico y Números había recibido la ley querida por Yahvé para el pueblo, sobre todo en Levítico, pero era necesario a la luz de los acontecimientos de la época del imperio asirio, y por boca de Moisés, darle una re-lectura, sobre todo porque Israel, el reino del Norte, había hecho un tratado de vasallaje con los asirios. Esta era una formalidad legal, donde los pueblos se sometían a pagar tributo anual y permitir en su territorio la cultura, política y hasta la religión, pasando ellos a ser vasallos o siervos. Pero el Deuteronomio, que tiene forma literaria de estos tratados, busca denunciar, que Israel no tiene que hacer tratados con nadie, pues ya lo había hecho en el Sinaí, bajo el precepto de que Yahvé sería su Dios, y ellos serían su pueblo.
Como señalamos, el libro se basa en los discursos finales de Moisés, que estructuran al libro de la siguiente forma: primer discurso de Moisés (1,1-4,43), segundo discurso de Moisés (4,44-28,68), tercer discurso de Moisés (28,69-32,52), bendición y muerte de Moisés (33-34).
Tres temas jalonan la teología del libro: Dios, la Alianza y la Tierra. El primero es la presentación de Dios en el Deuteronomio, es un Dios distinto al de los demás pueblos que rodean a Israel, pues estos tenían representaciones físicas y material de sus dioses y eran politeístas; el pueblo de Israel no necesita imágenes de Dios, ni él mismo las necesita. Es un Dios único y no hay más, celoso de sus cosas, sobre todo del cumplimiento de lo pactado.
El segundo tema la Alianza, es un eje estructural de la obra, constantemente se le recuerda al pueblo lo mandado por Dios y el compromiso por parte suya, se repiten algunas leyes ya expuestas en los libros anteriores y se exponen algunas nuevas, fruto de la situación presente en el momento de la redacción.
Y el tercer tema es la tierra, pues el Deuteronomio es concebido por algunos, como el prólogo al bloque de libros histórico o historia deuteronomista, donde la clave de lectura, es recordar la tierra que Dios le ha dado, pero que en el momento en que se escriben estos libros se había perdido.
En cierta forma, el Deuteronomio le recuerda al pueblo: la tierra prometida por Dios ha sido dada al pueblo, Dios ha cumplido, pero el pueblo no, pues recordamos de nuevo que en la época que se escribió su redacción final, la tierra se ha perdido, y en parte el libro busca querer dar respuesta al porqué de la pérdida.




