75 años de matrimonio de Octavio y Dora

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Tienen 11 hijos, cinco varones y seis hembras; 24 nietos y 25 bisnietos.

Ramón Medina 

Octavio Taveras (Blanco) y Dora Ramírez se conocieron en la iglesia San Antonio de Padua, de Juncalito, en una reunión de las Hijas de María, y Octavio pertenecía al grupo de los Hijos de Cristo Rey. 

Un día, mientras Octavio jugaba béisbol en la comunidad de Calaverna, cercana a Juncalito, decidió hablar con el padre de Dora, don Luis Ramírez, ya que en ese tiempo se usaba que los padres de los novios se pusieran de acuerdo para pedir la mano y hacer el compromiso. Estuvieron de novios un año y medio, y se casaron el 6 de febrero de 1951, en la iglesia San Antonio de Padua, de Juncalito, Janico. 

Luego, don Octavio tuvo que emigrar a los Estados Unidos, en 1962, y se mantuvo viajando constantemente, hasta reunir a sus 11 hijos hacia la ciudad de New York, porque él decía que no enviaría menores de edad a NY, y esperaba que tuvieran edad de trabajar. Hoy día, a sus 98 años, sigue siendo el tronco de la familia, responsable y dando ejemplo. 

De su lado, doña Dora se mantenía como responsable de la casa y de cuidar y velar por la educación y el crecimiento de sus hijos. Mujer valiosa y admirada en la comunidad. Compartía con las familias cercanas leche, y algunos productos que don Octavio cosechaba. Era un hombre muy trabajador. La comunidad siempre ha estado agradecida de Doña Dora, por su generosidad.

De este matrimonio nacieron 11 hijos, cinco varones y seis hembras. Tienen 24 nietos y 25 bisnietos, todos bien gracias a Dios. 

Estos padres responsables, por el amor y la unión matrimonial, siguen dando ejemplo de que con Dios y María, y la Sagrada Familia, todo se logra. Y en esta etapa de sus vidas, con las vicisitudes propias de la edad, continúan sirviendo y orando al Señor y a Maria. Rezan el Rosario todos los días.

En sus 75 años de matrimonio, recibiendo muestras del amor infinito de Dios, motivan a sus hijos y a las familias a poner a Cristo como centro de sus matrimonios.

“Cada mañana pedimos al Señor que no nos fijemos en las caídas, sino en lo que hemos caminado en estos 75 años, en las huellas que hemos dejado. Hemos sido discípulos fieles del Señor, hemos hecho lo que teníamos que hacer”.

La parroquia San Juan de Ávila de Las Lagunas, La Vega, donde ellos residen, le agradece la donación de los terrenos para la construcción de la iglesia.