José Jordi Veras Rodríguez
Hace poco, una oyente en nuestro espacio radial, nos preguntaba de dónde venían muchas de las palabras que utilizamos como comunicador, porque algunos de los términos emitidos, no conocía sus definiciones.
Esto nos hizo recordar y a la vez vivir agradecidos, porque recordamos que en el hogar en el cual crecimos, nuestros padres eran asiduos lectores de todo, no solamente de lo que correspondía a la profesión de papi.
En casa siempre habían enciclopedias, revistas, como la National Geographic, “paquitos” o tiras cómicas, la colección completa de Agatha Christie, libros de autores dominicanos, los clásicos, Selecciones de Reader’s Digest, las cuales traían en su contenido todo tipo de artículos de salud, sociedad, cultura, arte y medicina.
En medio de ese ambiente fuimos creciendo mis hermanos y quien escribe, y era como abrir el mundo a nuestra mente y a la imaginación. Esto nos permitió ganar algo de léxico y de conocer de temas diversos a temprana edad. Es de los mejores recuerdos y regalos que recordamos, el de haber nacido en un hogar con esta costumbre.
Todo esto se unió a que una vez entramos a estudiar al Instituto Iberia, y nos tocó tener como maestro a Don Víctor Martínez, fue reforzado, porque en esta institución se estimula el hábito de la lectura, desde siempre.
Con Don Víctor, si querías avanzar en notas y en puesto acorde a las filas que habían en el curso, las cuales estaban dispuestas de tal manera que las primeras eran para los que se esforzaban en las materias impartidas, incluidas la lectura. El tenía el programa de que había que leer al menos un libro mensual y mientras leías, más eras gratificado con puntos en tus notas. Lo grande venía cuando debías sustentar a modo de tesis, cada libro a través de las preguntas que él te hacía.
Todo esto lo hemos querido resaltar porque hemos notado que cada día es mucho menor la riqueza de vocabulario en jóvenes y en los profesionales de hoy, desdice mucho su vocabulario y cómo interpretan lo que leen. Y, con los teléfonos inteligentes, hay quienes han disminuido este importante quehacer.
Asimismo, creemos que cada cabeza o cabezas de familia, deben estimular a sus hijos a que vuelvan o que se inicien en el hábito de la lectura, no solamente como parte de un aspecto académico, sino porque les ayudará en cuanto a liberar estrés, le brindará a su imaginación una mayor riqueza y claro está, el enriquecimiento en su forma de expresarse y de lo que comprende de cada texto que lee.
Asimismo, creemos que desde el Ministerio de Educación, en las escuelas y colegios, deben incentivar aún más la lectura, a través de concursos o de dinámicas en los cursos, porque todo esto redundará en el acervo cultural de cada alumno y por ende, podemos tener mejores seres humanos formados y profesionales más acabados.
A propósito de todo lo que vemos en nuestra sociedad, que hemos llegado hasta perder el concepto de la sorpresa, que cada vez decimos que hemos llegado donde se toca fondo, hemos visto cómo vamos perdiendo identidad y el que deseamos reforzar valores en la ética y la moral y recuperar o reforzar la importancia de nuestra cultura.
Terminamos con una frase icónica, de un autor estadounidense, que se inclinó por libros de ciencia ficción, terror y fantasía: “No tienes que quemar libros para destruir una cultura. Solo haz que la gente deje de leerlos”. —Ray Bradbury




