La Soberanía Dominicana

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Por historia sabemos todo lo relativo al proceso que vivió el país para proclamarse ante el mundo como una nación libre y soberana. Conocemos de todos los entuertos que Juan Pablo Duarte y los Trinitarios pasaron para que el 27 de Febrero de 1944 naciera al mundo la República Dominicana. Un hecho que marca a todos los nacidos en este pedazo de isla y a los hijos descendientes de cualquier nacional dominicano, en cualquier parte del mundo.

Nuestros símbolos patrios: Bandera y Escudo, nos identifican en el variopinto universo de los países del mundo: ¡a quién no!, que haya viajado más allá de las aguas que nos rodean, no se ha llenado de emoción al ver estos signos patrios en otras tierras, pues experimentamos el respeto que dicha nación que visitamos tiene por nosotros y el aprecio a lo nuestro. 

Por eso y más, lo que nació aquel 27 de febrero, no fue una simple proclama patria de un grupo de jóvenes, sino un grupo de hombres y mujeres que se alzaban y proclamaban, que eran poseedores de una tierra y de un ser único en el mundo, proclamaron un territorio del mundo soberano, con derechos propios y dispuesto a entrar en relación. de manera formal y respetuosa, con otros pueblos. 

De ahí que cuando, a lo largo de nuestra historia republicana, alguna nación ajena ha tratado de intervenir en nuestras cosas, sin ningún derecho ni invitación, hemos sabido responder con la valentía de nuestra gente, capaz de darlo todo por el respeto a nuestra soberanía dominicana.

Somos un pueblo libre y soberano, y nadie tiene derechos imperiales o de cualquier tipo, sobre nosotros. Estamos llamados a decidir nuestros asuntos por nosotros, y así lo hemos hecho cuando cualquier grupo o personaje nuestro se quiere abrogar prerrogativas más allá de las mayorías y su bienestar. 

Aunque somos una isla o como dije: un pedazo de isla, estamos abiertos al mundo y a los demás, dispuestos a recibir ayuda de quien sea, pero sí la necesitamos y requerimos. En esta tierra mandamos nosotros, no somos patio de nadie, y a nuestra tierra se entra cuando nosotros lo permitimos, por los canales formales que tenemos, y se permanece en ella, hasta que uno quiera; todo ese derecho, potestad y más nos asiste y así debe ser.

Tal parece que hoy día, por como soplan los vientos del mundo, la conciencia de las futuras generaciones debe estar clara en cuanto a esto, nadie es dueño del mundo y menos de nuestro mundo dominicano.

Sabemos que como nación que se ampara económicamente en el turismo, tiene que estar abierta al mundo y a los que nos visiten, pero el que nos visita llega hasta nosotros porque quiere, y con el compromiso de respetar lo nuestro y nuestra forma de ser, pues no vamos a vender nuestra patria por chelitos, pues si en otros tiempos hemos sabido mantenernos con otros modelos económicos, de cara al futuro también sabremos. 

También, nadie debe determinar sobre nuestras riquezas naturales, son nuestras, no de nadie por más poderoso que se tenga o lo tengan. Estamos llamados a decidir sobre lo nuestro, lo que tenemos y poseemos. 

Esta independencia y soberanía que ha sido lograda a precio de luchas, donde incluso se ha derramado sangre, si para defenderla y mantenerla, de nuevo hay la necesidad de luchar y derramar sangre, cada miembro de esta gloriosa nación debe estar dispuesto.