José Jordi Veras Rodríguez
Dicen que no hay mejor oportunidad para que una persona o un colectivo puedan aprender, y que este aprendizaje se convierta en un gran valor, que aquel que se asume a raíz de alguna gran crisis.
Luego de la noche del 24 de diciembre, en el que se rompió una de las tuberías ubicadas en Sabana Iglesia, que distribuye agua de Coraasan hacia distintas partes de la ciudad de Santiago y Moca, y que creó destrucción en el entorno, originando una de las peores crisis de agua que hemos sufrido los munícipes en los últimos años.
Por primera vez escuchaba personas que nunca habían sufrido, como es el pan nuestro de cada día en otras zonas de la ciudad y del país, desesperadas por la falta del líquido y hasta de forma improvisada, en los residenciales, se hacía el llamado a la conciencia en cuanto al uso y racionamiento del agua. Hubo que recurrir a la compra de camiones cisternas, que transportaban el agua desde Coraasan, para que pudiera llegar a comunidades de Santiago.
Esos siete días que duró la peor crisis de suministro de agua vista en muchos años en nuestra ciudad, estamos seguros que una gran cantidad de personas pudo reconocer el valor de este importante líquido. Y donde en muchas partes del mundo y aún aquí, se hace difícil conseguirla.
Aprendamos con esta crisis, y que nos haya hecho reconocer lo que tenemos que hacer para que situaciones como esa, no vuelvan a suceder, y para que comencemos a crear conciencia en el uso de ese bien que es de todos. Y que cuando existe el deseo, el apoyo mancomunado, el compromiso, esfuerzo y dedicación, se pueden lograr propósitos y objetivos importantes, que son vitales para toda una comunidad.
Que el mantenimiento y seguimiento a las quejas de comunitarios sean escuchadas, porque es parte de la obligación como Estado. Y que sepamos que la naturaleza es sabia, pero de la misma manera debemos actuar los seres humanos para preservar lo que ella nos ofrece.




