MENSAJE OBISPOS 

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FORTALECER LA ESPERANZA:

UN LLAMADO A LA FE Y LA SOLIDARIDAD

INTRODUCCIÓN

1.       Anclados en Jesucristo, esperanza que no defrauda (Hb 6,18; Rom 5,5), los obispos de la República Dominicana, en ocasión de la celebración de nuestra fiesta de Independencia y en el contexto del Año Jubilar, dirigimos un mensaje de esperanza a este pueblo nuestro que tanto amamos.

2.       Ante los cambios acelerados que vivimos en nuestro país, en el ámbito social, político, económico, migratorio, cultural, y del medio ambiente, se percibe desánimo, indiferencia, minusvaloración de lo nuestro, entre otros. En tal sentido, queremos compartir un mensaje motivador que nos oriente y ayude a superar los desalientos, fortalecer la resiliencia del pueblo dominicano y fomentar una actitud positiva frente a los desafíos del presente.

3.   Constituye una fortaleza del pueblo dominicano, su fe en Dios, fundamentada en Jesucristo. Un gran valor que poseemos, es el sentido de la familia y de lo comunitario. Tenemos una población joven con espíritu emprendedor y muchas otras virtudes que refuerzan la esperanza y alimentan la confianza en un futuro mejor para nuestra nación.

4. En los actuales momentos, es importante que nos cuestionemos seriamente sobre la naturaleza de nuestra esperanza: ¿Qué significa para nosotros tener esperanza? ¿Es nuestra esperanza activa o pasiva?

5. Desde una perspectiva cristiana, es activa y proactiva, comprometiéndonos a luchar para que se haga realidad conforme a la voluntad de Dios. Mantener esta virtud requiere asumir un compromiso transformador. Porque tenemos que dar razón de nuestra esperanza, a todo aquél que nos la pida (1Pe 3,15). Cuando no se tiene la esperanza puesta en Jesucristo, somos como aquellos que construyeron su casa sobre arena: “soplaron los vientos. crecieron los ríos y se llevaron la casa” (Mt 7,27). Con humildad, debemos reconocer que no siempre hemos tenido esta confianza depositada en Jesucristo. Sin embargo, el cimiento más profundo de nuestra esperanza radica en Él, muerto y resucitado.

6.   El Santo Padre nos dice, que la esperanza, es la virtud que ilumina el horizonte hacia donde apuntan la fe y el amor: “La esperanza, junto con la fe y la caridad, forman el tríptico de las “virtudes teologales”, que expresan la esencia de la vida cristiana (cf. 1 Co 13,13; 1 Ts 1,3)”. (SnC 18). Esta certeza se afianza en la fuerza que brota de la cruz y de la resurrección de Jesucristo. Nos lo recuerda el Papa Francisco: “La esperanza efectivamente nace del amor y se funda en el amor que brota del corazón de Jesús traspasado en la cruz”. (SnC 3).

7.   También, esta virtud está estrechamente vinculada a la paciencia. Así lo explica el apóstol san Pablo: “Porque nuestra salvación es en esperanza; y una esperanza que se ve, no es esperanza, pues ¿cómo es posible esperar una cosa que se ve? Pero esperar lo que no vemos, es aguardar con paciencia”. (Rom 8, 24-25). Además, nos invita a “alegrarnos en la esperanza, a ser pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración” (Rm 12,12), superando el espíritu de inmediatez o la cultura de lo exprés que parece dominar nuestra época.

I.            SER TESTIGOS DE LA ESPERANZA.

8.   Cuando hablamos de ser signos visibles de confianza y optimismo, debemos relacionarlo con los que nos habla Jesús en el Evangelio (Lc 12, 54-56). Estos signos, son los que los Padres del Concilio Vaticano II han identificado con “los anhelos y dolores de los hombres y mujeres de nuestro tiempo” (GS 1). En este sentido, nuestro Pontífice afirma: “Además de alcanzar la esperanza que nos da la gracia de Dios, también estamos llamados a redescubrirla en los signos de los tiempos que el Señor nos ofrece” (SnC 7).

9.   Como pastores invitamos a asumir con valentía cuatro signos de los tiempos de nuestra época:

a.  Sembrar el anhelo de la paz desde la fe en medio de la violencia y la inseguridad ciudadana. Motivamos a cada dominicano a vivir según los principios del amor, la justicia y el perdón. Exhortamos a fomentar la reconciliación, promover el respeto por la dignidad humana y la solidaridad, guiados por la confianza en Dios, fuente de paz y esperanza.

Los dominicanos anhelamos vivir en un ambiente de seguridad ciudadana y para ello urge que se concretice la reforma policial ya iniciada y se fortalezca la justicia, y se promuevan políticas a favor de la comunidad, que nos ayuden a combatir los distintos tipos de violencias: familiar, institucional, delincuencial, etc.

b. El reconocimiento de la dignidad de la persona humana, nos compromete a promover la vida en medio de una cultura de la muerte.  La defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, fortalece una cultura de respeto y amor a toda persona, protege sus derechos fundamentales, y contribuye así a una sociedad más justa, solidaria y comprometida con el valor sagrado de la vida.

c.  Realizar una alianza social para promover la esperanza en medio de una sociedad del descarte. Vivimos en un mundo donde a las personas, sobre todo, si son pobres y marginadas, se les tratan como desechables. Invitamos a hacer una alianza, trabajando por un porvenir esperanzador, donde se recupere la alegría de vivir, la unidad familiar, y donde todos puedan tener acceso a los servicios básicos.

d. Ser signos de esperanza en medio de quienes viven en precariedades. Pensemos en siete escenarios en los que podemos convertirnos en signos de esperanza:

Sobre los internos de las cárceles reconocen que hay mejora en el sistema penitenciario, pero ven que muchas cárceles de nuestro país son lugares inhóspitos e incapaces de realizar su rol regenerado. 

1-Los internos de las cárceles: reconocemos mejora en el sistema penitenciario, sin embargo, muchas cárceles de nuestro país son lugares inhóspitos e incapaces de realizar su rol regenerador. La función de las cárceles y del sistema penitenciario no se limita a la reclusión, sino que se orienta hacia la rehabilitación, a la reinserción social del recluso, ofreciendo oportunidades en educación, formación moral, espiritual, y promoviendo las condiciones para el cambio de vida.  

2-Los enfermos: los hospitales han de ser espacios donde se procure la salud integral de nuestros enfermos. No obstante, el sistema de salud de la República Dominicana enfrenta desafíos: la falta de recursos humanos y económicos, la deficiencia de sus infraestructuras, la necesidad de mayor personal médico, que afectan directamente a la calidad de los servicios de salud. No se percibe con claridad, una política pública para afrontar la gestión misma del sistema de salud, temas como la salud mental, las dificultades de los usuarios con las Administradoras de Riesgos de Salud (ARS) y las Prestadoras de Servicios de Salud (PSS) del sector público y privado.

3-Los jóvenes: es lamentable la situación por la que transitan muchos de los jóvenes que en nuestro país ni trabajan ni estudian, otros se encuentran tristemente tentados a migrar a países, o, a conseguir dinero fácil en actividades en reñidas con la ley.  Hemos de preguntarnos ¿Qué prácticas y actitudes podrían ayudar para que nuestros jóvenes salgan de tanta confusión y recuperen la esperanza y la belleza del sentido de la vida?

4-Los migrantes: esta situación no puede seguir siendo una baraja que se juega a conveniencia de los vaivenes políticos, sino que ha de abordarse con seriedad, tomando en cuenta la particularidad de la época en la que vivimos y del impacto que en la misma tiene el fenómeno de la movilidad humana. Invitamos a las autoridades a cumplir su función, respetando la dignidad humana.  

5-Los adultos mayores: hacemos un llamado a tener mejores atenciones con nuestros adultos mayores que, en ocasiones, son excluidos de la vida familiar, experimentan la soledad y otras tantas veces el abandono. En ellos debemos valorar el tesoro que son para nuestra sociedad y nuestras familias; aprovechemos sus experiencias, testimonio de vida y sabiduría.

6-Los pobres: somos conscientes de la amplia brecha existente entre ricos y pobres. En la actualidad la tasa del desempleo y el alto costo de la canasta familiar, nos hacen recordar que, “todos los bienes creados deben llegar equitativamente a las manos de todos, según la justicia y con la ayuda de la caridad” (Gaudium et Spes 69). Por lo tanto, consideramos que es necesario continuar creando políticas públicas, donde todos puedan tener acceso a una salud integral, vivienda digna y educación de calidad.

7-El medio ambiente: una vez más alzamos nuestra voz por el cuidado de la casa común ante los impactos negativos medioambientales de la industria minera, tales como las consecuencias del desbordamiento de una presa de colas, la contaminación de los ríos, el deterioro de la flora y fauna local, entre otros. Motivamos a promover la adopción de buenas prácticas para la gestión de desechos tóxicos, así como el respeto a las comunidades que de una forma u otra son afectadas.

10. Como discípulos de Cristo estamos llamados a ser portadores de su luz, a ofrecer consuelo, a mostrar la fuerza transformadora de la fe. La verdadera esperanza está basada en la fe plena en Dios, que guía y da propósito a nuestra vida. Ser testigo de la esperanza implica vivir con valentía, amar y ser solidario en un mundo adverso.

11. En estos momentos en que el papa Francisco se encuentra ingresado en el Hospital Universitario Gemelli desde el viernes 14 de febrero por complicaciones de salud, como obispos nos unimos a la plegaria de la Iglesia por su recuperación, e invitamos a todo el país a orar para que Dios le mantenga firme en la fe y la esperanza.

12. Pedimos la intercesión de Nuestra Señora de las Mercedes, patrona del pueblo dominicano, para que nos ayude a romper las cadenas de la desesperanza y que en cada ciudadano se manifieste con gran esplendor el amor, el servicio, la disponibilidad, la acogida, la alegría y nuestra identidad como dominicanos.

 Les bendicen.

Héctor Rafael Rodríguez Rodríguez, M.S.C.,

Arzobispo Metropolitano de Santiago de los Caballeros

Presidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano

Jesús Castro Marte,

Obispo de Nuestra Señora de La Altagracia en Higüey

Vicepresidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano

Francisco Ozoria Acosta,

Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo,

Primado de América

Diómedes Espinal De León,

Obispo de Mao-Montecristi

Julio César Corniel Amaro,

Obispo de Puerto Plata

Andrés Napoleón Romero Cárdenas,

Obispo de Barahona

Carlos Tomás Morel Diplán,

Obispo de La Vega

Faustino Burgos Brisman, C.M.,

Obispo de Baní

Secretario General de la Conferencia del Episcopado Dominicano

Santiago Rodríguez Rodríguez,

Obispo de San Pedro de Macorís

Tomás Alejo Concepción,

Obispo de San Juan de la Maguana

Ramón Alfredo De la Cruz Baldera,

Obispo de San Francisco de Macorís

José Amable Durán Tineo

Obispo Auxiliar de Santo Domingo