Bautismo de niños: sí y no

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Algunas personas alegan que no bautizan a sus niños, porque no quieren condicio­nar sus convicciones religiosas y prefieren esperar a que ellos decidan más tarde. Pero si examinamos bien el asunto veremos, que el pro­blema no reside en las convicciones religiosas del niño o niña, sino en las de los padres.

Convencidos de que la vida es un valor, se asociaron al Creador para traer al mundo una niña, un niño a quien no le podían pedir opinión. Ya le han expresado todo su amor, y no han esperado a que crezca para que pueda aceptar ese amor libremente. Comunican vida y amor, porque los va­loran, ¿por qué no comunicar la fe? ¿No es acaso la fe un valor? La niña recién nacida vive día a día en la vida de sus padres. Igual irá creyendo en la fe de sus padres. Luego confirmará vida y fe.

Durante el embarazo, muchos padres revisan sus vidas. Unos dejan de fumar para sanear el ambiente. Otras no beben alcohol. Hay quien prepara una ha­bi­tación con dibujos esti­mu­lantes. Acoger a un hijo es también un buen momento para revisar la propia fe.

Durante el bautismo, el adulto responde, pero el bautismo expresa también la iniciativa salvadora del Señor que la niña va reci­biendo durante su vida. El sí del Señor a la niña irá llegando a través del sí de sus familiares, Iglesia doméstica, y de su comunidad.

El Canon 868. 2 del actual Derecho Canónico, enseña que el bautismo tie­ne sentido cuando existe “esperanza fundada de que el niño va a ser educado en la religión católica”. Pero no siempre es conveniente el bautismo, por ejemplo, “si falta por completo esa esperanza [de que recibirá una educación católica] debe diferirse el bautismo, según las disposiciones del derecho particular, haciendo saber la razón a sus padres”.

Recordaba Rabindranath Tagore en El Cartero del Rey, cómo la llegada de un hijo cambió radicalmente la vida de sus padres. El bau­tismo de tu hija no es simplemente algo que tú organizas, si está enraizado en tu fe, es algo que va a organizar y poner a valer tu fe de una manera nueva. Esa vida naciente cambia tu vida, esa semilla creyente de fe que siembras cambiará tu fe para siempre.

 

El autor es Profesor Aso­ciado de la PUCMM, [email protected]