Del libro Poesías completas, de Mons. Freddy Bretón

Monseñor Freddy Bretón Martínez • Arzobispo
Metropolitano de Santiago de los Caballeros

Q ué frutos darás árbol podrido

si hasta la raíz el gusano cruel

ya te ha mordido.

Todo era florecer cuajar en frutos cuando la juventud te dio tributo.

Reías de verdor chorreabas vida pero ya el ruiseñor

en tus ruinosos brazos no se anida.

Tu piel de ayer vistosa y firme la ves caer

tan fácilmente en tanto yo

–por displicente– con solo un roce desprendo un trozo antes de irme.

Subirán las hormigas con su carga de nieve y tú ni sentirás

si la brisa te mueve. No oirás voz amiga ni de tus hendeduras te brotará una queja

cuando veas tu cuerpo cubierto de hongos, ridículas orejas.

Y en medio de la noche que el relámpago enciende no verás el derroche

del agua que desciende sin parar un instante. Y serás el fantasma que eleva, suplicante sus decrépitos brazos

sin avanzar un paso, empapado hasta el alma.

Volverás a la tierra

tú que anduviste erguido y habrás de ser en ella abono vegetal

polvo y olvido.

Mas, quién iba a decir árbol podrido

que habrías de sonreír ya desvaído

mirando la plantita

que, aferrada a tu vientre hundiendo su raíz

recién ha florecido.

Certidumbre

I

N o es eterna la noche:

Veré correr mil días.

Tengo la certidumbre de que

como la tierra revienta en nueva vida

así esta noche oscura parirá mil destellos. Y brillará la luz,

estoy más que seguro. Enlazaré fulgores adornaré los días coronada la tierra

de pan y melodías.

II

Qué lejos va la noche. Huye despavorida.

Qué alegre va mi pueblo con los claros del día

sin odios

ni opresiones.

De las cadenas hizo machetes y azadones para labrar la tierra, cortando de raíz antiguas tiranías.

Qué alegre va mi pueblo. Qué ancha es su sonrisa construyendo otra senda va con nuevos bríos.