Aprender de los animales

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La naturaleza está descansando. Los estragos provocados por el COVID-19 han sido un respiro para el medio ambiente, animales y plantas. En las ciudades se observan criaturas que solo habitaban en las montañas, como diciendo: “este espacio me pertenece”. Las aves se apoderan de los cielos, venciendo a los aviones. En fin, algo ha cambiado para bien.

 

He aprovechado estos días para observar en el televisor series donde los “seres irracionales” son los protagonistas. ¡Cuánto he aprendido! Me fascina contemplar esos pequeños animales cuando se preparan para atrapar una presa de gran tamaño. En grupo son invencibles.

 

Y hasta en la repartición del festín cada uno sabe el momento exacto en que le corresponde comer y la cantidad que requiere o merece. Y cuando recorren los senderos, lo hacen de forma ordenada, cada cual en su lugar, respetando al otro, en especial al que tiene más experiencia y conoce mejor los peligros y el accionar de sus depredadores.

 

Por el contrario, hay ciertas especies donde algunos miembros consideran que vinieron al mundo exclusivamente para vivir ellos. Todo gira en torno a sus figuras. Se creen indispensables. No toman en cuenta al prójimo. Juran que las ideas y la labor del otro son basura que ni para reciclaje es buena. Son tan egoístas que cuando son solidarios lo hacen porque les conviene.

 

Estos individuos creen que el que encabeza el grupo es el primero que bebe agua limpia, cuando el que lo consigue es el que tiene su corazón diáfano y su sed es saciada de inmediato cuando hace lo correcto.

 

Y no importa que sean destacados en un área, pues el talento que no se comparte o que no promueva la fraternidad hace más mal que bien. Es condición de las personas superiores reconocer que todo proyecto o meta se alcanza uniendo voluntades, asumiendo su responsabilidad y punto, siempre en armonía con el conjunto.

 

Si no logramos conformar o ser parte de un buen grupo de trabajo, el provenir de nuestros proyectos,  instituciones o negocios será triste. Saber trabajar en equipo es la clave del triunfo. Imitemos a esos animales que aun sin conciencia, cumplen su deber y su misión mejor que la mayoría de nosotros.

 

En estos días de infortunio para la humanidad, ansiando en manada vencer la pandemia, las hojas de los árboles danzan, desde las alturas se escucha un coro de palomas y hasta los hormigueros han mejorado sus estructuras.