Antes de que me vaya

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Hoy muy temprano escribió un gran amigo para decirme lo triste que estaba. Su esposa había muerto de manera trágica dos días atrás.

En estos tiempos en que uno espera morir, o que otros mueran de Covid-19, la muerte sigue ­presentándose con las envolturas comunes y esta mezcla de muerte común con muerte epidémica está acostumbrándonos a tener noticias triste a cada rato.

No es extraño entonces que no nos asombre la muerte, que se convierta en lo que es: un acto común y natural del término de la vida.

La pregunta es si estamos preparados para ver eso así. Muchos que lean estas letras no desearían seguir leyendo. A eso se le llama negación.

Pues con negación o sin ella confieso que me ha maravillado vivir. Aún y las experiencias más ­negativas han sido necesarias para comprender y aceptar, conocer y amar.

La creación me regaló y regala, la compañía de seres extraordinarios en cada trecho del camino.

En la familia ascendente y descendente, en los amigos, en los lugares que he trabajado y estudiado, en los caminos por donde suelo pasar. Gente buena de corazón, palabra y acogida.

Por eso doy gracias a la vida.

Por si toca un día de estos salir del inventario, a todos ustedes gracias!

Perder el miedo es el primer paso a la libertad. Trabajen en no temer y cada día será lo que es, una aventura nueva por la cual dar gracias sin término.

“Es lícito suponer que si los deseos y aspiraciones de los hombres son tan inmensos que todos los progresos, todas las conquistas y goces de la existencia temporal, lejos de saciar su sed, la acrecientan, se debe precisamente a que la realidad humana sólo puede hallar realización más allá del tiempo y del espacio” (Ignace Leep. Psicoanálisis de la muerte)