Adviento / Tiempo de esperanza

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A todos nos cuesta aceptar que la verdadera Navidad, no es algo que nosotros arma­mos, sino algo que recibimos gratui­tamente. Para muchos, la Navi­dad consiste en un torbellino de actividades: junta­deras, comida y bebida, feli­citaciones, regalos, alegrías fa­miliares y cumpli­mientos profesionales. Con tan­to ajetreo descuidamos lo fundamental.

Este año, desde el domingo 2 hasta el 23 de este mes, la Iglesia nos prepara para celebrar con Aquél que vino, vie­ne y vendrá.

Ya el Hijo de Dios vino y vivió entre nosotros, naciendo en Belén. Lo vamos a celebrar el 25, pero es bueno recordar, que vino para cumplir la pro­mesa de Dios: “suscitaré a  David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra” (Jeremías 33, 14-16).  Durante estos días, todos los que anhelamos una socie­dad justa hemos de profundizar en nuestra fe en Jesús de Nazaret. Nuestro anhelo de justicia y derecho para todos, no es una limosna que mendi­gamos, sino un programa a realizar, porque ya vino el Mesías.

Celebramos, que el Mesías es también uno que viene a en­señarnos a caminar en la lealtad (Salmo 24). Sería contradictorio celebrar la llegada de Aquél que no defrauda, con la mentira y la prepotencia. El Salmo nos re­cuerda, que el Mesías viene para “enseñar su camino a los humildes”. Acer­quémonos a los pobres, toda­vía podemos aprender algo que el Mesías les enseña a ellos.

Algunas personas lucen un traje nuevo cada Navidad, otros vestimos ropa nueva, y olvidamos que el Mesías está vestido de “misericordia y lealtad”.

En fin, celebramos que el Mesías vendrá. Esta historia, en la que tantas veces nos han engañado, tendrá un final. Hemos de esperarlo con la cabeza ­levantada, pues es un final de liberación.

Adviento, tiempo de andar de pie, despiertos y sobrios, aprendiendo a esperar al que vino, viene y vendrá.