Acompañar ante el dolor

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Muchos de nosotros en algún momento hemos pasado por la tristeza de perder a un ser querido. Cada persona lo asimila de forma distinta. Lo que sí es común en todos es el sentimiento de vacío y soledad.

Es claro que cada uno sabe lo que realmente siente y en muchos casos las palabras que amigos y allegados expresen para dar consuelo no resultan del todo alentadoras, por lo que es importante tomar en cuenta de qué forma acompa­ñar ante el dolor.

Algo que puede ayudar es recordar con alegría a quien ha partido de nuestro lado, de esa manera podemos ver que la muerte no es un fin, sino un continuar en el amor de Dios y así evitar caer en la tristeza, la soledad o incluso la depresión.

Jesús nos dice: “Yo soy la Resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás” (Juan 11,25-26).

Con estas palabras de Jesús sentimos consuelo y aliento permitiendo que veamos con una mirada más cristiana este momento de dolor teniendo mayor resignación. Aunque, es normal entristecer y  que el llanto nos embargue, el mismo Jesús viendo llorar a María por la muerte de su hermano Lázaro ni siquiera fue capaz de contener las lágrimas. Experi­mentó una profunda conmoción y rompió a llorar (Jn. 11,33-35).

Podríamos buscar muchas formas de acompañar ante la pérdida de un familiar o ser querido, sin embargo, considero que la mejor es acompañar en la oración. Orar por ese ami­go pidiendo a Dios que ilumine su corazón y le permita comprender el dolor que experimenta.

El Señor es el único que puede dar el consuelo que necesitamos para que entendamos que ante el sufrimiento no estamos solos.

En la oración encontraremos el mejor consuelo y es la forma más hermosa de demostrar el amor hacia la persona que pasa por el dolor de la pérdida de un ser querido.