Mons. Héctor Rafael Rodríguez presidió en la Catedral Metropolitana Santiago Apóstol, el sábado 3 de octubre, el rito de institución y envío a la misión de 35 nuevos Presidentes de Asamblea, provenientes de las distintas parroquias y zonas pastorales de la Arquidiócesis.
El arzobispo estuvo acompañado por el P. Gustavo Londoño, director de la Escuela de Formación de Presidentes de Asamblea “Mons Roque Adames”.
Los formadores, un nutrido grupo de sacerdotes, familiares, amigos y feligreses de las parroquias de los nuevos ministros.
Entre los nuevos ministros instituidos estaban también seis candidatos de la Escuela del Diaconado Permanente, que son instituidos para colaborar con los párrocos en el servicio pastoral y hacer la práctica de las celebraciones litúrgicas antes de su ordenación diaconal.
El Arzobispo agradeció a los nuevos Presidentes de Asamblea su respuesta positiva al llamado del Señor y su generosidad de ofrecer su vida para servir a la Iglesia, en la celebración de la Palabra de Dios y la animación de las comunidades cristianas, como colaboradores de los párrocos de manera particular, en las capillas y sectores donde el sacerdote no puede asistir todos los domingos.
Los exhortó a dar testimonio de humildad, no pretender ponerse por encima de la comunidad exigiendo reconocimiento y poder.
En el rito de envío les dijo: “En nombre de la Iglesia los envío a anunciar el Evangelio y a dar testimonio de Jesús ante todo el mundo, y de manera particular, en las comunidades que les han sido confiadas”.
La celebración de institución y envío a la misión se realizó al comenzar el mes de octubre, dedicado a las misiones.
Las lecturas escogidas para de la celebración ofrecen una profunda enseñanza sobre la misión evangelizadora y el espíritu con el que se debe llevar a cabo. En la primera lectura san Pablo habla de la obligación que tenemos todos los bautizados de predicar el Evangelio, con la palabra y sobre todo con el testimonio de vida. El llamado a la misión no es algo opcional, sino una necesidad imperiosa, una misión que recibe todo bautizado para llevar el mensaje de Cristo a todas partes.
De la misma manera que Jesús dio instrucciones a sus discípulos para la misión, el arzobispo como pastor y maestro también ofreció a los nuevos ministros sus instrucciones pastorales para que desempeñen su servicio con generosidad, con valentía, entrega y sobre todo, con humildad, teniendo la confianza puesta en el Señor.
Que el Espíritu Santo conceda a los nuevos ministros laicos la sabiduría, la fortaleza y el amor necesarios para cumplir su misión. Que puedan ser, como san Pablo, mensajeros incansables del Evangelio.
Que María, Madre de la Iglesia y estrella de la evangelización, los acompañe en su caminar.




