Hay santos que parecen haber nacido con cara de estampita, que uno dice, ese nació para ser santo… y después está Santa Rosa de Lima: una joven que trabajaba, bordaba, cultivaba su huerto, atendía enfermos, cuidaba pobres, rezaba muchísimo y, cada beso que podía, se escondía del ruido del mundo para encontrarse con Cristo.
Porque antes de ser Santa Rosa, fue Isabel Flores de Oliva, nacida en Lima en 1586, décima de trece hijos. Desde muy joven sintió una profunda llamada a consagrarse a Dios. A los veinte años, ingresó en la Tercera Orden de Santo Domingo. No entró en un convento: vivió su consagración desde su propia casa, en una pequeña ermita construida en el jardín familiar. Allí cultivó una intensa vida de oración, pero sin desentenderse de quienes sufrían.
Murió en Lima en 1617, con apenas treinta y un años. Su fama de santidad se extendió rápidamente y, en 1671, el papa Clemente X la canonizó. Se convirtió así en la primera santa canonizada del Nuevo Mundo, y fue proclamada patrona principal de América, Filipinas e Indias Occidentales.
Ahora viene la pregunta que provoca el pequeño pleito del calendario: ¿23 o 30 de agosto?
La respuesta es: las dos fechas existen. El calendario litúrgico universal, actualizado tras el Concilio Vaticano II celebra a Santa Rosa el 23 de agosto, por ser la fecha más cercana a su muerte (24 de agosto, fiesta de San Bartolomé).
Perú, su patria, y otros países, conservan tradicionalmente el 30 de agosto como su gran celebración nacional, que fue la fecha que se asignó al momento de su canonización.
Pero quizá lo más interesante no está en la fecha, está en lo que esta muchacha puede decirle a los jóvenes del siglo XXI.
Cinco consejos de Santa Rosa para buscar a Cristo hoy:
1. Aprende a estar a solas. No todo silencio es aburrimiento. A veces Dios habla precisamente cuando dejamos de scrollear.
2. Ora de verdad. No necesitas una oración complicada. Necesitas constancia. Rosa convirtió la oración en el centro de su vida.
3. No confundas santidad con aislamiento. Rosa buscaba la contemplación, pero atendía enfermos, pobres y personas necesitadas. Su encuentro con Cristo terminaba siempre tocando la vida de otros.
4. No tengas miedo de vivir contracorriente. Ser cristiano nunca fue ganar el concurso de popularidad.
5. Enamórate de Cristo, no solamente de las cosas de Cristo. Porque puedes tener estampitas, rosarios, frases religiosas y hasta una foto de perfil muy católica… y todavía no haber dejado que Jesús transforme tu vida.
Santa Rosa entendió algo que seguimos necesitando aprender: la santidad no consiste en parecer extraordinario ante los demás, sino en dejar que Dios haga extraordinario lo cotidiano.
La santidad también puede comenzar aquí, con el celular en la mano… pero el corazón puesto en Cristo.
Hasta un próximo encuentro
Desde el monasterio




