Virtud de la confianza

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Eduardo M. Barrios, S.J

ebarriossj@gmail.com

Segunda parte

En el Nuevo Testamento Jesucristo nos exhorta a la confianza cuando dice: “No anden preocupados pensando qué van a comer o a beber para sustentarse, o con qué vestido van a cubrir el cuerpo… Esas son las cosas por las que se preocupan los paganos” (Mt. 6, 25.32). Ilustra líricamente esa enseñanza señalando hacia las aves del cielo y los lirios del campo, criaturas a las que Dios cuida aun cuando son muy inferiores a nosotros.

Cuando Jesús nos puso a los niños como dignos de imitación, se refería a la confianza filial de los niños. Ese es el sentido de su expresión: “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque de los que son como ellos es el Reino de los Cielos” (Mt. 19,14).

A Santa Teresita del Niño Jesús le impresionó mucho ese versículo. Sobre él construyó su escuela de espiritualidad, conocida como “infancia espiritual”, que no consiste en otra cosa que en vivir confiando plenamente en Dios.

En honor a la verdad, debemos reconocer que las pruebas de la vida zarandean nuestra confianza en Dios. Jesús mismo en la cruz exclamó: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?” (Mc. 15,34). Eran las primeras palabras del Salmo 22. Pero los escrituristas enseñan que Jesús rezó todo el salmo, en el cual también se encuentran expresiones de esperanza.

San Pablo tuvo que remar contra corriente durante toda su vida apostólica, pero los naufragios, obstáculos y contratiempos no pudieron arrancarle la confianza en Dios. Después de mencionar la tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro y la espada, declara: “Pero Dios, que nos ama, hará que salgamos victoriosos de todas las pruebas” (Rom. 8, 37).

Hacia el final de su vida, el anciano San Pablo siguió dando testimonio de confianza en Dios: “Yo sé bien en Quién he puesto mi confianza, y estoy persuadido de que tiene poder para asegurar hasta el último día el encargo que me dio” (2 Tim. 1,12).

En la Historia de la Iglesia encontramos a un santo que ha sido llamado “profeta de la confianza en Dios”. Se trata del jesuita francés San Claudio de la Colombiere (+ 1682). Él es famoso también por haber sido el confesor que ayudó a Santa Margarita Ma. de Alacoque a difundir el culto al Sagrado Corazón de Jesús. San Claudio escribió un “Acto de confianza en Dios” que aparece en muchos devocionarios. Recordamos, para concluir, las palabras iniciales:

“Señor Dios mío, estoy tan convencido de que velas sobre los que en Ti esperan y de que nada puede faltar a quienes lo esperan todo de Ti, que he decidido vivir de ahora en adelante sin preocupación alguna y depositar en Ti todas mis ansiedades”.