Al terminar el año 2025, el país tenía un registro de 245 mil trescientos cuarenta y seis armas legales en manos de civiles. Así lo consigna el dato ofrecido por el Ministerio de Interior y Policía. En el año 2024 la cifra era de dos mil armas menos. Esperemos que cifras arrojará el 2026.
Es que ante el aumento de la violencia y la inseguridad ciudadana, muchas personas piensan que estar armadas las libraría de ser víctimas de un atraco, y que un delincuente penetre a sus hogares.
Los hechos han demostrado que poseer un arma de fuego no los libra de un atraco, al contrario, los convierte en presas más codiciadas por los que se dedican a robar y a matar.
En otros casos, los que portan armas de fuego, sin estar psicológicamente hábiles para poseerlas, en varias circunstancias las utilizan cometiendo actos que a pocos segundos de realizarlos se preguntan: ¿Qué yo hice? y esa acción perturba su conciencia para siempre.
Lo que necesitamos es más controles de parte de las autoridades competentes en esta materia, para evitar que personas no calificadas porten un arma de fuego.
Además, se hace urgente recoger estas armas ilegales que están en manos de civiles, que las utilizan para sembrar el terror y hacer de las calles espacios de muerte.
Es hora de actuar.




