Entre la hermandad de los Toreros de la Virgen de La Altagracia,  el legado irrepetible del canónigo Tomás Núñez Cordero  y las fiestas patronales de Salvaleón de Higüey 

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Monseñor Jesús Castro Marte

Obispo de la Diócesis de Nuestra Señora de la Altagracia

Primera parte

En medio de velorios, salves, peregrinación, las tonadas de los toreros y el agua bendita del crepúsculo altagraciano.

La histórica Villa Blasonada de Salvaleón de Higüey, fundada hacia finales del año 1503 por Juan de Esquivel, fue la tierra fértil donde el Canónigo Lic. Luis Gerónimo del Alcocer relata en un documento de su autoría, en el año 1650, lo siguiente:   

“La imagen milagrosa de Nuestra Señora de la Altagracia está ubicada en la Villa de Higüey, como a treinta leguas de esta ciudad de Santo Domingo; son innumerables las misericordias que Dios nuestro Señor ha obrado y cada día obra con los que se encomiendan a la Virgen; consta que la imagen milagrosa la trajeron dos (2) hidalgos naturales de Plasencia, en Extremadura (España) nombrados Alonso y Antonio de Trejo”.

Es a partir de ese momento cuando las crónicas de los historiadores de esa época relatan cientos de milagros y favores concedidos por la Virgen de la Altagracia a favor de todos los pobladores de la isla de Santo Domingo, cuyos testimonios aparecen en el Archivo General de Indias.  

La Batalla Real o Limonade del 21 de enero de 1691 y el inicio de la peregrinación de fe al santuario de la Virgen de La Altagracia en Higüey

“Virgen de la Altagracia, consuelo de los afligidos, ruega por nosotros.”

La fecha del 21 de enero del año 1691 está estampada en las páginas de la historia, por  la batalla que se libró en la Sabana Real o Limón, la cual inmortalizó al maestre de campo Don Francisco de Segura Sandoval y Castillo, así como al santiaguense Don Antonio Miniel.  

Dice el historiador Fray Cipriano de Utrera: corresponde a la Región Este, Higüey y El Seibo, el mayor número de hombres que sabían manejar el machete en la batalla de la Sabana Real o Limonade.

Refiere el ilustre historiador Vetilio Alfau Durán, lo siguiente: “En la batalla Sabana Real o Limonade: “Los hombres del Este invocan la intervención y protección de la Virgen de la Altagracia, la cual, bajo su manto sacrosanto, les dio la victoria a las tropas dominicanas que derrotaron al ejército francés.

Según relata dicho historiador: El testimonio más ferviente de la batalla del 21 de enero del año 1691, de la Limonade, fue que un soldado anónimo cortó la cabeza del gobernador francés, en medio del fragor de la batalla.

21 de enero, día de acción de gracias a la Virgen del Pueblo Dominicano 

Es parte de ese momento histórico en el que se inicia la celebración del Día de Acción de Gracias a la Virgen de la Altagracia, por haber intercedido a favor de la victoria de las tropas dominicanas contra los invasores franceses. 

Desde ese episodio histórico empezaron, de todas partes de la geografía de la isla de Santo Domingo, peregrinaciones de personas que donaban un toro o una vaca a la Virgen, fruto de su intercesión.

En principio los donantes del ganado se ocupaban de la recolección de los toritos. La primera etapa puede decirse que duró más de un siglo sin interrupción y siempre en peregrinaje hacia la Villa de los Milagros de Salvaleón de Higüey. Durante la ocupación haitiana del año 1822, fue interrumpido este acto de fe, fruto de los conflictos políticos de esa era republicana.

El arzobispo Fernando Arturo Meriño fue el que propuso que el 21 de enero fuera declarado como fiesta nacional. Por lo que, en el año 1924, durante el gobierno de Horacio Vásquez, el Congreso Nacional lo declaró como fiesta nacional, mediante la Ley N°70, estableciendo dicha fecha como día de Nuestra Señora de La Altagracia.