El Resucitado se aparece a su Virgen madre María

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Padre Richard Murray

En ninguna de las cuatro versiones del Evangelio aparece siquiera una aparición de Cristo Resucitado a la Virgen María, su Madre. A nadie se le ha ocurrido agregar un misterio al Rosario de una aparición de Cristo Resucitado a la Virgen Maria ni una petición a la Letanía de Loreto. Sin embargo las hubo. ¿Cómo se puede afirmar eso, considerando el absoluto silencio de las Escrituras?

Curiosamente, el mismo silencio de las Escrituras confirma la realidad de las apariciones. En primer lugar, hay que recordar cuatro anuncios de la victoria de Cristo sobre la muerte, comenzando con el Salmo 16, 10, en el cual Dios promete no dejar a su siervo fiel sufrir los efectos de la sepultura. 

Seguramente en su convivencia con su Madre, él se lo dijo. Pero las tres veces que él se lo predijo a sus apóstoles y discípulos no puede haber escapado a su Madre, considerando que Simeón había predicho el sufrimiento de Ella con su Hijo en la presentación, Lucas 2; 33-35. Estaban unidos en el sufrimiento.

Por otra parte, Cristo se lo había anunciado a los apóstoles y discípulos tres veces; MT 16, 21, MC 8 31, Lucas MC 9 22; la segunda vez Mt 17, 22, Marcos MC 9, 30-32; la tercera vez Mt 20, 17-19, Mc 10, 32-34. 

Pero no era necesario decírselo de nuevo a la Virgen. Isabel le dijo “dichosa tú que has creído, porque lo que te dijeron de parte del Señor, se cumplirá”, Lucas 1, 24. Y la Virgen le dijo a los sirvientes en las bodas de Caná: “hagan lo que él le diga”, Jn 2, 5.

Así que, considerando que la Virgen creyó de una vez, Cristo no tenía que repetírselo. Y no tenía que aparecer para convencerla de que Él había resucitado.

Aún después de que se apareció a los apóstoles, ellos no creyeron que Él había resucitado.

Otra razón para él aparecerse a María, era sencillamente porque quien más sufrió su pasión y muerte fue Ella, y una vez ascendido al Padre, la fe de Ella sería la más firme entre los apóstoles y discípulos. 

Habiendo Ella recibido el Espíritu Santo sería un ejemplo para los demás de cómo relacionarse con Él. Sin duda, durante los cuarenta días, Cristo preparó a María para ser la madre de su cuerpo espiritual, la Iglesia.