Los ángeles también nos recuerdan la misión de transmitir la fe
Padre Jimmy Drabczak
Hace unos días estuve confesando a los niños que se preparan para recibir su Primera Comunión. Y hubo una frase que quedó profundamente grabada en mi corazón. Un niño, vestido de blanco y con mucha sencillez, me dijo: “Padre, yo sí quiero ir a misa… pero mis padres no me llevan.”
Aquellas palabras dolieron. Porque detrás de esa frase se esconde una realidad cada vez más visible: muchos niños desean acercarse a Dios, pero encuentran obstáculos precisamente en su propio hogar.
El Evangelio de este domingo nos recuerda: “Porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Juan 3,16).
Dios envió a su Hijo al mundo para salvarlo. Pero esa salvación llega al corazón humano a través de la fe, del testimonio y de la transmisión viva del Evangelio, especialmente dentro de la familia.
Hoy vivimos en una sociedad donde muchos niños crecen rodeados de tecnología, redes sociales y entretenimiento, pero cada vez más lejos de Dios. Poco a poco desaparecen la oración familiar, la lectura de la Palabra de Dios y la participación en la misa dominical. Y cuando desaparece Dios del hogar, el corazón humano termina vacío.
La Iglesia no puede convertirse solamente en un lugar donde se “busca un sacramento”. El Bautismo, la Primera Comunión o la Confirmación no son simples celebraciones sociales. Son parte de un camino de fe y de encuentro con Cristo.
Por eso la familia tiene una misión insustituible. Los padres no solamente alimentan el cuerpo de sus hijos; también deben alimentar su alma.
El mundo angelical nos recuerda precisamente esa tarea. En la Biblia, los ángeles siempre ayudan al hombre a acercarse a Dios. El arcángel Gabriel anuncia a María el plan de salvación. San Miguel Arcángel combate el mal y protege al pueblo de Dios. Los ángeles nunca nos alejan de Dios; siempre conducen hacia Él.
Y quizá hoy necesitamos nuevamente familias que actúen así: hogares que acerquen a los hijos a Cristo y no que los aparten de la fe.
En este Día de las Madres vale la pena recordar a tantas mujeres dominicanas que transmitieron la fe:
• enseñando a rezar,
• llevando a sus hijos a misa,
• rezando el rosario,
• y manteniendo viva la presencia de Dios en el hogar.
Muchas veces la primera catequista de un niño fue su madre o su abuela. Cuántas vocaciones sacerdotales y religiosas nacieron gracias a una madre sencilla que enseñó a hacer la señal de la cruz o llevó de la mano a sus hijos hasta la Iglesia.
Evangelizar no significa solamente predicar desde un altar. Evangelizar significa también dar testimonio, orar con los hijos y construir un hogar lleno de la presencia de Dios.
Porque cuando Cristo entra en la familia nace algo diferente:
• paz,
• esperanza,
• unidad,
• y amor verdadero.
Ojalá que este Día de las Madres nos ayude a redescubrir la hermosa misión de transmitir la fe y conducir a las nuevas generaciones hacia Cristo, que vino al mundo no para condenarlo, sino para salvarlo.




