Un siglo después, Minerva Mirabal es memoria viva

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La mariposa que no ha dejado de volar

Miriam Camilo Recio

El pasado mes de marzo recordamos el centenario del nacimiento de Minerva Mirabal, una mujer que no solo vivió en su tiempo, sino que lo desafió.

Nació hace 100 años, el 12 de marzo de 1926, en Ojo de Agua, Salcedo, hoy provincia Hermanas Mirabal. Un siglo después, ella sería para su país y para el mundo: semilla, raíz, tronco, jardín, fuego. Porque en lugar de simplemente vivir su vida, escogió habitarla con sentido, valentía, cuidado, dignidad y sentido de responsabilidad.

Creció y se desarrolló bajo la dictadura, en un país controlado por la autocracia de Rafael Leónidas Trujillo. Era un tiempo donde opinar podía costar la vida. Donde el miedo era parte de la vida cotidiana y disentir era peligroso. Una mujer dominicana que, en tiempos de miedo, eligió la valentía. Y sin embargo, en medio de ese contexto, Minerva decidió pensar… y pensar distinto, a diferencia de muchos, decidió no callar y actuar.  

Desde joven mostró una conciencia crítica poco común. Desde joven, Minerva fue curiosa, firme, incómoda para el poder. 

Estudió Derecho, creyendo en la justicia. Sin embargo, el régimen le negó el derecho a ejercer, porque pensar libremente ya era visto como una amenaza. Porque no bastaba con ser profesional… había que ser obediente y Minerva no lo era.

Su lucha fue concreta, cotidiana, peligrosa, arriesgada. Implicó persecución, cárcel y vigilancia constante. Aun así, Minerva sostuvo una idea profundamente transformadora: que la dignidad no se negocia. 

Minerva no luchó sola. Luchó junto a sus hermanas —Patria, María Teresa, y Doña Dedé — Los grandes sueños se construyen juntos. Formó parte del movimiento clandestino contra la dictadura. Se hacían llamar Las Mariposas; un nombre hermoso… pero también poderoso. Símbolo de libertad, las mariposas parecen frágiles, pero atraviesan grandes distancias… y sobreviven a su transformación.

Soñaban con un país y un mundo distinto. Las mariposas trascendieron fronteras a nivel mundial. Su lucha no se detuvo, tuvo un costo: persecución, cárcel, vigilancia constante. Y aún así… no se detuvieron. 

Asesinada a sus 33 años, junto a sus hermanas, Patria y María Teresa, El 25 de noviembre de 1960, Minerva, Patria y María Teresa fueron asesinadas por órdenes del régimen. Pero su muerte no logró silenciarlas. Al contrario, estremeció la conciencia del país y se convirtió en uno de los factores que aceleraron la caída de la dictadura.

Hoy, su legado trasciende la historia dominicana. El 17 de diciembre de 1999, fue asumido el 25 de noviembre como día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, por la Asamblea de las Naciones Unidas, en resolución 54/134. 

A partir de ahí, en todo el mundo, se recuerdan a las Mirabal como símbolo de resistencia frente a la violencia, los feminicidios, la injusticia, y el irrespeto a nuestra condición de mujeres.

A 100 años de su nacimiento, Minerva sigue siendo una figura incómoda para los autoritarismos y profundamente inspiradora para los que creemos en la democracia.  Su historia, marcada por la resistencia y el sacrificio, trasciende las fronteras de nuestro país, en su lucha por la justicia y los derechos humanos, en especial los derechos de las mujeres.

Orgullosos como dominicanos podemos gritar a viva voz  ¡Vivan Las Mariposas! ¡Vivan Las Madres de la Patria Quisqueyana! ¡Viva Minerva Mirabal.

Estas ideas surgen de la reflexión en la celebración de la fiesta litúrgica de San Juan Bautista de La Salle celebrada en Villa Cafetalera, San Víctor, provincia Espaillat.

Este encuentro se realiza desde hace 22 años en este hermoso lugar. En esta ocasión asistieron más de 500 estudiantes de 36 instituciones educativas.