Por: José Jordi Veras Rodríguez

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Para el momento en que redactamos el presente escrito, habíamos leído en el Evangelio: “Ama al prójimo como a ti mismo”. Es uno de los mandamientos que Dios manda a cada uno de los que seguimos a Jesús.

Ahora bien, ¿Cuántos somos capaces hoy día de seguir ese mandato divino? Porque lo que vemos hoy día es una falta de empatía y de sensibilidad tremenda. ¿Cuántos actuamos a sabiendas de que todo cuanto hacemos no necesariamente tiene que ser porque esperamos algo a cambio? Y ¿Cuántos actuamos con la identificación de lo que al otro le pasa o le está sucediendo, ponernos en los zapatos del otro?

Si la sociedad en que vivimos hoy fuera realmente solidaria, empática y menos violenta, no viéramos tantos casos en los que la agresividad y violencia están presentes. 

Necesitamos de ejemplos en que los ciudadanos se hagan conscientes de cómo su actitud y comportamiento, que puede influir de forma positiva a los ojos de los demás y que esto cale de tal manera que podamos ir cambiando el tipo de respuesta que hoy se ha normalizado.

La semana pasada sucedió un hecho delincuencial: dos jóvenes intentaron atracar a una pobre señora, mientras caminaba por la calle Salvador Cucurullo del centro de la ciudad de Santiago de los Caballeros. 

Y esta acción fue impedida por un señor de nombre Daniel Jiménez Feli, que resultó ser un nacional haitiano, en condición migratoria regular, esto último lo resaltamos, por el prejuicio que se da en algunos dominicanos, que piensan que todos están irregulares.

Las imágenes se hicieron virales en las redes sociales, de cómo un desconocido le tira el carro arriba a la motocicleta de los delincuentes, para impedir el atraco, como finalmente resultó. Nos llamó poderosamente en atención, cómo todo esto fue reconocido por muchas medios de comunicación y no solamente por haber evitado un robo a una indefensa mujer, sino, porque haya mostrado empatía frente a otra persona y por un hecho así, cuando lo que hoy acostumbramos a ver, es que cada quien asume que los problemas de los demás, no les preocupa, y simplemente, siguen con sus vidas.

La señora que fue salvada de ser atracada, vivió con regocijo lo realizado por Daniel. Pudo palpar lo que es la mano amiga de un buen samaritano, y de esto último sabemos lo que se siente y qué importancia tiene que puedas recibir la ayuda de un desconocido que se preocupa por tu situación. Esto, porque a nosotros nos sucedió en nuestro atentado.

El conocido pasaje del buen samaritano, en Lucas 10, nos recuerda que el buen samaritano existe, y puede estar en ti o tú puedes ser quien mañana lo vivas.