Rosado en medio del barro

0
9

En plena Cuaresma aparece algo que siempre desconcierta: el color rosado. Uno entra a la iglesia esperando el morado penitencial… y de repente el sacerdote sale revestido de rosado. No es un error de lavandería litúrgica. Es el Domingo Laetare: un pequeño respiro en medio del camino hacia la Pascua.

La Iglesia, que sabe del alma humana, entiende que el desierto también necesita señales de esperanza. Por eso, a mitad del camino penitencial, aparece el rosado. No cancela la Cuaresma. La ilumina.

Curiosamente, ese domingo suele venir acompañado de uno de los Evangelios más provocadores: el ciego de nacimiento (Juan 9). Jesús se encuentra con un hombre que nunca ha visto la luz. Los discípulos, muy teólogos ellos, preguntan lo de siempre:

—“¿Quién pecó?”

Jesús corta la discusión de raíz. No todo se explica con culpables, a veces Dios actúa para mostrar su obra.

Entonces viene lo raro: barro, saliva, piscina de Siloé, nada muy higiénico para un milagro. Pero el hombre obedece… y ve.

Y aquí empieza el verdadero drama del capítulo. El problema no fue que el ciego viera. El problema fue que los que creían ver se quedaron ciegos.

Los fariseos analizan, investigan, interrogan, citan normas. Todo muy ordenado… excepto el corazón. Al final el que estaba ciego termina creyendo en Jesús, y los expertos quedan atrapados en su propia seguridad.

Y uno lee eso hoy, con guerras en cada esquina, viendo debates infinitos en redes, opiniones forzadas sobre todos los asuntos, robos y corrupción … y entiende que el Evangelio sigue siendo incómodo.

Hay mucha gente que ve perfectamente las pantallas, pero no ve a Dios pasando por su lado.

Por eso el rosado en medio de la Cuaresma tiene sentido. Nos recuerda que la fe no es un examen de doctrina solamente. Es dejarse abrir los ojos.

La pregunta del Evangelio no es quién está equivocado. La pregunta es más simple:

¿Queremos ver?

Porque a veces el mayor milagro no es que un ciego recupere la vista… sino que alguien que cree verlo todo acepte que necesita luz.