Las cuatro estaciones dominicanas

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Llega con su voz temprana

despierta el campo dormido

retoña el árbol florido

bajo la luz más lozana;

la brisa fresca y liviana

riega aroma en la pradera

canta el ave placentera

renace el verde camino

y el arroyo cristalino

brota de la cordillera.

Arde el sol sobre la arena

cielo azul sin nube alguna

se refleja en la laguna

el día al mar se encadena;

la tarde vibra serena

con las aves en concierto

horizonte y cielo abierto

la noche es cálido abrigo

y el fuego cual fiel testigo

de un verano ya despierto.

Cae la hoja lentamente

deja el suelo acojinado

el viento pasa callado

con un suspiro silente;

declina el sol suavemente

madura el fruto en la rama

temprano se va a la cama

cruje el suelo en su vestido

y en su rumor contenido

el otoño sueña y ama.

Desciende el frío callado

gris el cielo se aproxima

tiembla el río en blanca cima

bajo un viento resignado;

el campo duerme arropado

por escarcha silenciosa

la noche es casi luctuosa

cruje el anafe encendido,

y en silencio recogido:

la vida eterna y hermosa.