La cantidad de enfermos mentales que deambula por nuestras calles crece cada día. Las escenas de abandono y soledad en que viven desgarran el alma.
Los vemos harapientos, durmiendo en la calle, o en cualquier otro lugar, en donde ya cansados, no tienen fuerzas para seguir caminando.
Muchos de ellos provienen de hogares en donde la pobreza arruina su existencia, y sus familiares no cuentan con los recursos económicos para comprar los medicamentos necesarios, y así aliviar su condición de enfermos mentales.
Tampoco tienen la oportunidad de acudir a un profesional de la salud mental que determine a tiempo, el deterioro progresivo de su enfermedad para detenerla, y propiciarles una vida digna.
Sabemos que hay pueblos en nuestro país que no cuentan con profesionales de la conducta humana, y así no se puede continuar.
Esperamos que esta situación cambie con el Plan Nacional de Salud Mental 2026-2030, presentado por el Gobierno, en donde se contemplan acciones preventivas, integración de las comunidades y fortalecimiento de la atención primaria.
Los enfermos mentales necesitan respeto, cariño y mayor cuidado por parte del Estado y sus familiares. La solidaridad hacia ellos, no debe tener límites.




