Padre Benito Cruz fue un Testimonio silencioso y constante

0
18

Padre Benito Cruz Lantigua nació en la comunidad Llanos de Pérez, Imbert, Puerto Plata, el 21 de septiembre de 1944. Estudió filosofía y teología en el Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino. Fue ordenado presbítero por Mons. Roque Adames Rodríguez, el 7 de noviembre de 1982. Ejerció su ministerio en varias comunidades de Santiago:

• Residió en condiciones humildes en Cienfuegos, lo que le permitió vivir de cerca las precariedades de la población.

• Se destacó por denunciar públicamente problemas sociales como la falta de acceso a salud, alimentación y vivienda digna.

El padre Benito se retiró los últimos años a vivir en la Casa Sacerdotal de Matanzas, Santiago, para sacerdotes mayores o enfermos, donde compartió con sus compañeros hasta partir a la Casa del Padre, el pasado martes 10 de febrero de 2026. 

La misa de despedida fue celebrada en la Catedral Santiago Apóstol, presidida por Mons. Héctor Rafael Rodríguez, acompañado de Mons. Freddy Bretón, Arzobispo Emérito de Santiago, Mons. Amauri Rosario, Obispo Auxiliar y más de 50 sacerdotes. Estuvieron presentes sus familiares que llegaron desde la Diócesis de Puerto Plata.

Dios lo acoja como el pastor fiel y solícito de sus ovejas, a quien sirvió siempre con entrega y entusiasmo. 

Amaurys Rodríguez cuando, hace tres semanas, visitó al padre Benito Cruz en la Casa Sacerdotal de Matanzas

Fragmentos de la homilía 

 “Las almas de los justos están en las manos de Dios, y no las alcanzará el tormento”. Estas palabras son una proclamación firme de fe y no solo un consuelo fácil de esos que a menudo se nos ocurren. Dios no abandona a quienes han vivido para Él. Y al contemplar la vida del Padre Benito, reconocemos la huella de un hombre profundamente entregado a Dios y a la gente, justo, sencillo, que confió en Dios incluso en las pruebas, cuando el camino fue exigente, cuando la fidelidad implicaba sacrificio.

Su sacerdocio fue un testimonio silencioso y constante. No buscó protagonismos; buscó servir, ser fiel y obediente a Dios. Su sencillez era su lenguaje, su entrega su estilo, su perseverancia su fortaleza. Fue un pastor que caminó con su pueblo, que escuchó, que acompañó, que sostuvo en la fe a muchos en momentos de oscuridad. Y lo hizo con una fidelidad a Dios que no dependía de las circunstancias, sino de su amor profundo al Señor.

Que su memoria nos anime a vivir con autenticidad nuestra fe, a servir con humildad, a perseverar aun cuando el camino se haga difícil.

Padre Benito, gracias por tu vida, por tu sacerdocio, por tu entrega silenciosa y perseverante. Gracias por mostrarnos, con tu ejemplo, que la fidelidad a Dios nunca es en vano.